lunes, 11 de mayo de 2015

Raíces

Siempre me ha fascinado la forma que tienen las ideas de multiplicarse y conectarse unas a otras.
Cuando un nuevo pensamiento o conocimiento llega a nuestra mente se expande exponencialmente.
Es imposible saber donde llegará y a veces ni siquiera recordamos cómo se nos ocurrió o de donde vino una idea.
Con los años he aprendido a distinguir y a hacerles caso a estos pensamientos que parecen haber sido "colocados" en mi mente. Hay todo tipo de situaciones en que llegan a mí, pero principalmente es en estado de meditación o en sueños.
Una de las mejores cosas que pude haber hecho en esta vida es aprender a meditar y a trabajar con los sueños y sus claves. Lo que estos dos aprendizajes han aportado a mi crecimiento personal es incalculable.
Estos "pensamientos especiales" suelen derivar de una sola imagen o mensaje. A veces veo algo y luego la interpretación parece venir desde otro plano. Es como si le susurraran a mi inconsciente su significado.
Y en realidad es así. Todo lo que he leído acerca del funcionamiento de nuestro inconsciente (individual y también colectivo) y sobre las conexiones del cuerpo mente y espíritu, desde la Psicología, la Teología, la Biología y la Física, lo confirman.
Esas ideas llegan a mí en ese estado porque no son realmente mías. En ese momento soy como una antena que está sintonizada adecuadamente para recibir información. 
Esto es tan antiguo que la mayoría de las tradiciones filosóficas antiguas lo han enseñado de diferentes maneras, pero con el tiempo y a medida que los habitantes occidentales del mundo nos hemos "modernizado", lo hemos estado olvidando paulatinamente.
Yo no soy especial ni tengo ningún talento "mediúmnico". Sólo soy una constante y porfiada mujer, que no se cansa de seguir buscando sin cesar respuestas que satisfagan sus inquietudes intelectuales y espirituales. Y a la que, por sobre todas las cosas, le apasiona aprender cosas nuevas.
Así, a lo largo de mi vida, he descubierto a muchos autores interesantes de las más variadas áreas y en el último tiempo he advertido que personas provenientes de sectores muy distintos están llegando a las mismas conclusiones sobre la inmortalidad del espíritu y la concepción de Unidad del Universo y sus habitantes.
Es fascinante ver como la ciencia se acerca a definir la naturaleza de la Vida y comprueba que los viajes fuera del cuerpo, los recuerdos de vidas pasadas, las experiencias de casi-muerte y otros fenómenos como estos son posibles y reales.
Me esperanza observar cómo las nuevas corrientes espirituales se funden para olvidar las diferencias de las obsoletas religiones del pasado y avanzamos como humanidad en este camino de despertar la conciencia que hace unas cuantas décadas se ha ido acelerando.
Hoy siento que se hace más profunda que nunca la brecha entre el egoísmo y la esclavitud capitalista que domina al mundo y las nuevas generaciones de niños despiertos que están viniendo al mundo con otros valores como la conciencia de hermandad planetaria, de amor incondicional como forma de vida, de ecología como algo más que "salvar a las ballenas". Me he encontrado con niños "que saben o que recuerdan" cada vez más a menudo, nacidos de padres de lo más diversos.
Frente a estos seres me pregunto ¿tendremos salvación? ¿realmente evolucionaremos los seres humanos? o el daño ya es demasiado y vamos directo a la extinción como especie, para dar lugar a otro experimento más exitoso de la Vida en este Planeta nuestro, que se ha desecho millones de veces de organismos poco adaptados, para volver a empezar.
Confieso que cuesta mantener la esperanza al ver tanta miseria perpetuándose en el tiempo, creando más miseria a su paso. A veces me sorprende que no nos hayamos extinguido ya. 
La crueldad del ser humano contra los de su misma especie llega a límites impensados y ni hablar de la depredación de las demás especies y el medio ambiente, que ya es irremediable y de la que somos cómplices todos.
Es impresionante el nivel de destrucción alcanzado en unos cuantos siglos de este sistema de vida que ha creado la Humanidad occidental "moderna", basado en la explotación de los más débiles con la colaboración y hasta aprobación de los mismos (una esclavitud inconsciente, la peor clase que haya existido jamás).
Es desalentador observar las nulas posibilidades que existen para el "iluminado común y corriente", heredero desilusionado de las luchas sociales de sus antepasados,  de cambiar este sistema desde la base.
En la era de la globalización el individualismo es el rey. Con la desaparición de las Utopías aplastadas por el consumo masivo de todo tipo de "chatarra" ha evolucionado el "Homo-consumens", cual zombie absorbido dentro de un micro-mundo del tamaño de su I-Phone.

Anoche llegó a mi una imagen, que quizás sea mi respuesta para no perder la fe en esta vapuleada Humanidad.
Vi a millones de árboles poblando un denso bosque. Cada árbol estaba ensimismado en su propia tarea y ninguno podía percibir su conexión con los demás. Estaban agotados de repetir una y otra vez los procesos que les aseguraban la subsistencia. De repente me percibí como uno de ellos y me concentré en mis raíces. Me quedé observando y sintiendo como descendían profundo en la tierra y cómo se unían a las de los demás árboles vecinos, y las de éstos a otros, hasta el infinito.
Disfruté de esta sensación de pertenencia y unión y comencé a sentirme en paz, acompañada y plena de sentido y amor.
Luego sentí que estas palabras venían a mí: "ese es el problema con ustedes, que no comprenden que sus raíces están unidas y que todos son Uno".
Una linda forma de resumir los mensajes de las lecturas y pensamientos que me han estado "susurrando" últimamente.

Nota: Por si les dan ganas de filosofar luego de leer este post, aquí una lista de algunos autores de lo más varipinta (científicos, médicos, místicos y académicos) que pueden ayudarlos a abrir la mente. Por supuesto que al leer a cualquiera de ellos, van a ir encontrando conexiones con muchísimos más y con los clásicos o antiguos autores de los que han partido para desarrollar sus ideas. Lo que tienen todos en común es la originalidad y la valentía de dejar atrás las ideas dogmáticas de su tiempo para atreverse a proponer algo "hereje" u osado.

- Brian Weiss
- Elizabeth Kübler-Ross
- Masaru Emoto
- Claudio Naranjo
- Vicent Guillem
 - Bruce Lipton
-  H, Maturana y F. Varela
- Casilda Rodrigañez
- Enrique Barrios
- Carl Gustav Jung
- Rupert Sheldrake
- Richard Bach
- Dr. Bach
- Jean Shinoda Bolen
- Christiane Northrup
- y un larguísimo etcétera, que cada cual puede intuir...



lunes, 26 de enero de 2015

DE CÍRCULOS Y MUJERES.


Desde la natural pausa en mis actividades académicas del último tiempo, que se han limitado al aprendizaje "intensivo" del idioma alemán para integrarme lo más pronto posible en mi nuevo país de residencia, he tenido ocasión de asistir a varios grupos o puntos de encuentro para madres y padres con niños pequeños, que por aquí son muy numerosos. 
Un poco para jugar con los niños y conocer gente, otro poco para buscar datos y crear redes; también para acompañar a alguna amiga. De a poco he ido participando más activamente hasta llegar a compartir mis aprendizajes profesionales previos, dictando Charlas o Temas de conversación.

Yo misma no me hubiese imaginado a mí misma como parte de un grupo de madres, reunidas en torno a los niños y a sus deseos de integrarse y desarrollarse en esta nueva sociedad.
Algunos desafíos o emprendimientos míos fueron más difíciles que otros. Algunas metas me costaron más alcanzarlas, pero creo que jamás necesité una tribu, un círculo, una cofradía. 
La última vez que recuerdo haber formado parte de un grupo fue para practicar deportes en la niñez, o para realizar trabajo social en la Universidad.
Mis amigos siempre fueron escasos y normalmente me absorbía en el millón y medio de actividades que realizaba. Ni siquiera después de casarme y entrar al amplísimo círculo de amigos de mi gregario marido mi carácter cambió. 

Ser mamá me llevó a interesarme por la opinión de "otras" (en femenino) por primera vez, pero aún así siempre me mantuve a distancia y a salvo de las emotividades y exabruptos propios del género, que me imaginaba que abundaban en estos círculos.
Mi formación emocional y profesional,  absolutamente masculinas ambas, me distanciaban de ello.
Sólo me permití este departir entre mujeres con fines exclusivamente espirituales, al buscar respuestas más personales que las que me daba la religión en que crecí, y comenzar a identificarme con las prácticas espirituales ancestrales, asociadas a la Tierra. 
Allí conocí mujeres increíbles que me fueron mostrando mundos nuevos y comencé a reencontrare con mi feminidad, absolutamente aplastada y escondida por el sistema y por  mí misma.
Estudié, experimenté y terminé creando talleres de empoderamiento femenino, orientados al autoconocimiento y un poco alejados del feminismo político tradicional.

Heme aquí ahora, a casi tres años de haber cruzado el Océano en busca de una tierra más fértil para desarrollar mis potencialidades y las de mi familia, sin perdernos el día a día del otro, sin vivir para trabajar y trabajando para vivir, para "vivirnos".
Debo decir, que a pesar que ha sido duro renunciar a todo para jugarnos todas las cartas en este proyecto la evaluación siempre es positiva. Hemos reducido nuestras "posesiones" pero hemos ganado tanto en aprendizaje y calidad de vida familiar.
Una de esas ganancias, muy personal, ha sido descubrir toda una nueva dimensión mía como mujer. 
Al sacarme de encima mis títulos, mi profesión, mis vínculos y relaciones sociales; me di cuenta que yo era mucho más que todo eso.
A pesar que ese ejercicio me dio un vértigo tremendo y a ratos extraño mi vida "importante", se me pasa rápido cuando recuerdo lo sola que estaba. ¿Realmente era "deformación profesional" la que me impedía llamar a una amiga para pedirle consejo o simplemente contarle mis angustias del momento? ¿En qué momento se perdió eso? ¿Cuándo había sido la última vez que me había reunido con otra mujer a simplemente tomarme un café y hablar de la vida, sin discutir asuntos de trabajo o estar en alguna actividad social grupal? 

Aquí he hecho todo tipo de amigas, de una diversidad de orígenes, educación y cultura enormes. Eso me encanta y he aprendido mucho.
Cada vez brilla más luminosa dentro mío la necesidad de ir más allá y formar un círculo espiritual de mujeres, que no sólo se acompañen mutuamente, sino que puedan sentarse a meditar juntas y comenzar su camino hacia la sanción, de sus cuerpos, de sus historias y de sus espíritus.
Un círculo donde no existan juicios sino aceptación profunda, donde se aprenda de la experiencia de cada una.
Sé que estos círculos están proliferando en el mundo entero como respuesta a las "enfermedades" de la Vida Moderna.
Creo en las palabras de Jean Shinoda Bolen escritas en un bello y corto libro que gracias a una gran amiga he tenido ocasión de leer hace poco; y estoy segura que la Sabiduría ancestral de los Círculos está volviendo a entrar en la Psique de las Mujeres porque auto-sanarnos ya es un mandato Universal. El millonésimo círculo, Jean Shinoda Bolen.

Confío en que pronto se materializará este anhelo mío porque últimamente he visto algunas señales que me hacen creer que "todo se está sincronizando" para llevarnos a un par de mujeres estudiosas y autocríticas a perder el miedo y descansar dentro de un círculo, porque ya es tiempo, ¡porque SI!
Hace mucho tiempo una mujer muy hermosa y poderosa me enseñó arriba de la montaña, en medio de la abundante naturaleza chilena, que cuando las mujeres se juntan en círculo la energía que se forma puede llegar tan lejos como quieran. Yo le creo. 


En algún lugar del Universo mis abuelas y bisabuelas sonríen, mientras sirven más mate y hornean pan para las otras. Sé que ellas no me abandonan y que les da lo mismo que esté en Suiza, acá me cuidan igual. A mí, a mi compañero, a mis hijos de carne y a mis hijas-ideas también.


Que el círculo se expanda e ilumine nuestro camino. 
Que se abran nuevos círculos. 
¡Que así sea!








domingo, 2 de noviembre de 2014

SINCRONICIDAD Y CICLOS

Karl Gustav Jung habló de "coincidencias significativas" en nuestra era moderna y explicó estos sucesos aparentemente casuales, pero que para quien los vive aparecen como de una improbabilidad casi mágica. 
Son esas cosas que ocurren "justo cuando más las necesitamos". Es el "destino" haciéndose realidad frente a nuestros ojos.

Luego, la física cuántica ha aportado más a luz explicando estos fenómenos, pero más allá de las definiciones más o menos científicas de la "Sincronicidad", creo que es algo que cada uno de nosotros ha experimentado al menos una vez en su vida.

Esa sensación de estar parado justo en medio del "ojo del huracán", la certeza absoluta de que está ocurriendo algo que es parte de algún "Plan Divino" o que es lo "que hemos estado esperando toda nuestra vida", sin saberlo.



Personalmente, me he encontrado con esta vertiginosa emoción un par de veces en mi vida, y cuando mi intuición me ha llevado a seguir el impulso de darle crédito, porque "¡esto no puede ser sólo casualidad!" siempre algo inesperadamente maravilloso hizo que el curso de mi vida girara por completo y obtuve resultados que me hicieron muy feliz.
Así me he "reencontrado" con mi compañero, con mis hijos, con mis diversas vocaciones, con lugares, con amig@s, etc.

He llegado a creer, tanto intelectual como espiritualmente, en estos llamados internos. Y aunque no siempre estoy tan lúcida como para ponerles atención, de alguna u otra manera mi "Yo Superior" se asegura de susurrarme una y otra vez al oído del alma hasta que termino por oírlos.

El Dr. Bach, creador de la Terapia Floral, dijo que "Y en cuanto a nuestra labor, cuando la encontramos, forma parte de nosotros, se hace sin esfuerzo, es fácil y se convierte en una alegría; nunca nos cansamos de ella, es nuestro hobby. Exterioriza nuestra verdadera personalidad, todos los talentos y capacidades que están a la espera de ser manifestados: somos felices y nos sentimos en casa; y sólo cuando somos felices (que es obedecer las órdenes de nuestra alma) es que hacemos mejor nuestra labor." "Se trata de averiguar y realizar la labor para la que somos aptos. Hay tantas personas que suprimen sus verdaderos deseos y se convierten en clavijas cuadradas para agujeros redondos…" 

Esto me hace reflexionar sobre cuántas veces nos apartamos del camino que nuestra Alma ha trazado para realizar el aprendizaje que eligió en esta vida, por seguir los dictados de la cultura en la cual estamos insertos o de las personas significativas de nuestra vida  y, principalmente, por dejarnos dominar por nuestros miedos más profundos. Creo que el Miedo es nuestro enemigo interno más peligroso. El miedo impide el crecimiento, es muerte.
Barbara Ann Brennan, autora del clásico libro sobre sanación energética, "Manos que curan", señala que: "El miedo es la emoción asociada con la desconexión de la realidad superior. Miedo es la emoción de la separación. Miedo es lo opuesto al amor, que se conecta con la unidad de todas las cosas".


He llegado a la conclusión que si hacemos el ejercicio de abstraernos de todos los prejuicios heredados y adquiridos a lo largo de nuestra vida podremos comenzar a vislumbrar quienes somos realmente, debajo de los disfraces que usamos para representar la continua obra de nuestras existencias.

El origen de los prejuicios siempre es la ignorancia, y la ignorancia nace siempre del Miedo. El Miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a "no pertenecer", a la soledad, a perder lo que nos ha costado esfuerzo conseguir, a comenzar de cero y un largo etcétera.

Siempre que mis miedos me amenazan desde las sombras me obligo a recordar la "Alegoría de la caverna" de Platón. Y a no temer ser considerada demonio ni tampoco ángel. 

Pero casi siempre me lleva un largo tiempo, y lo que más me cuesta cada vez es atreverme a llevar a cabo mis planes, a poner en marcha mis proyectos, a materializar las creaciones. Y a oír la voz de quienes pueden ver más allá de mis limitaciones porque me aman lo suficiente.


Una de las virtudes de atrevernos a escarbar en nuestras profundidades, es que terminamos por conocer y aceptar como parte nuestra ese "lado oscuro" que todos tenemos y entendemos contra qué estamos batallando.

Siento que la única forma de pasar por esta vida sin "crucificarnos" a nosotros mismos después de cada error, es tener claro cuáles son esos "demonios" que surgen cada tanto (en el caso de las mujeres, esto es cíclico y coincide con una clara fase de nuestro Ciclo Menstrual) del Inframundo de nuestra Psiquis para ayudarnos a crecer.

Hace ya bastante tiempo que empezó para mí este "caminar hacia adentro", que ha implicado deshacer el antiguo camino aprendido. Entretanto, he descubierto que ser Mujer significa mucho más que llevar el yugo de la postergación y la obligación de reivindicar al género para conseguir la anhelada igualdad, después de tantos siglos de patriarcado. 
En este proceso he aprendido a sentirme, a amarme, a vivirme por completo; sin complejos, sin etiquetarme a mí misma, dejándome sorprender por lo sagrado que reside dentro mío y reconectándome con lo que tantas generaciones atrás mi linaje perdió.

Me atreví a despojarme de la armadura de "modernidad" que me había construido para mantenerme a salvo de la arrolladora competitividad del mundo en el que me movía. Y descubrí que soy cíclica, como todas. Que mis ritmos me llevan por distintas sendas cada vez, que me pierdo y me vuelvo a encontrar más allá de mis propios límites.

Sé que no estoy ni remotamente cerca de alcanzar mi meta, pero al menos ya he aprendido a detenerme y a disfrutar el trayecto, aunque no siempre lo logre.
También he dejado de juzgarme tan duramente y he comenzado a tolerar los vaivenes de mi interior como la playa tolera las subidas y bajadas de la marea. 
En mi caso, reconciliarme con "todas las mujeres" que conviven en mí y que se manifiestan durante las distintas fases del mis propios ciclos, me ha dado una paz interior indescriptible. He dejado de esperar ser siempre la misma y he dejado de luchar por alcanzar el "modelo de perfección", impuesto en mi mente por la cultura y mi natural autoexigencia, nacida del miedo a no ser amada si me equivoco.

Y en ese proceso, he descubierto que tengo mil voces y que todas ellas me hablan desde lugares recónditos que puedo ir a buscar cuando quiera, porque todos están dentro mío y saben exactamente hacia donde debo dirigirme para aprender mi lección personal en esta vida. http://nomadecreatividadfemenina.blogspot.ch/2012/08/simplemente-mujer.html


A continuación les dejo una lista de algunos libros que me han llegado cuando estaba lista para captar su mensaje y que quizás les sirvan también a ustedes:

- Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer. Christianne Northrup.
- Luna Roja. Miranda Grey.
- Mujeres que corren con los lobos. Clarissa Pinkola Estés.
- Las diosas de cada mujer. Jean Shinoda Bolen.
- El Asalto del Hades. Casilda Rodrigañez.

domingo, 8 de septiembre de 2013

MI PARTO "NATURAL" Y MI PARTO REAL.

Era cierto. ¡Sabemos parir! 
Tal como lo dice el título de la canción de Rosa Zaragoza que se convirtió en mi favorita durante la reciente gestación de mi hija, porque me recordaba la fuerza innata que llevamos dentro y que ninguna sobreadaptación a la vida moderna puede quitarnos.
Todas esas intuiciones que se despertaron después de mi primer parto fueron tomando forma concreta durante mi segundo embarazo. 

Tenía que haber una mejor forma de traer al mundo a nuestr@s niñ@s. Una más natural y al alcance de todas las Madres. 
La que la evolución de nuestra especie diseñó y pulió durante tantos milenios no podía ser tan "peligrosa y terrible" como nos hemos estado diciendo en los últimos siglos.

Comencé mi búsqueda de esta mejor forma de parir, como tantas otras mujeres, luego de la desilusión que me provocó el seguro y medicalizado parto donde di a luz a mi hijo Simón, hace ya casi 5 años.
Ese parto fue muy bueno, de acuerdo al país donde ocurrió, Chile y sus prácticas médicas occidentales absolutamente halópatas y profesionalizadas (y muy segregadas, de acuerdo a la condición económica de la madre, pero ese es un tema que da para otro post).
Casi llegué a convencerme que merecía las felicitaciones de los médicos y que había tenido un perfecto parto "natural", que en países como Chile equivale a "sin cesárea".

Pero mi parto tuvo muy poco de "natural".

Después de casi dos días de padecer contracciones irregulares que eran ineficaces para dilatar mi cuello uterino, presa del miedo y la inexperiencia, fui ingresada finalmente al Hospital que había elegido, estuve rodeada en todo momento por un muy buen "equipo médico", que incluía todos los especialistas del área, que entraban y salían frecuentemente de la sala de pre-parto controlando mis procesos corporales con muchas máquinas y tecnología.
Eso da confianza a las inexpertas madres primerizas, por supuesto.
Mi esposo me acompañó en todo el largo proceso, también mi madre pudo estar conmigo un rato, mientras los profesionales "hacían su trabajo" muy eficientemente pero sin brindar una cálida y amorosa compañía, que sugiera paciencia y transmita confianza en la Madre y sus capacidades innatas.

A pesar de todo ese esmerado cuidado médico, yo sentía unas ganas locas de estar en un lugar íntimo y apartado, rodeada de olores y caras familiares, sin tanta "asistencia". Tenía la loca idea que el parto no debía verse como algo riesgoso que requiriera ir a un Hospital.

Por supuesto, mis familiares y amigos me convencieron que en un país como el nuestro parir en casa era una exentricidad hippie, que no está regulada ni legal ni médicamente y que era un riesgo tremendo que yo tratara de hacer algo así en mi primer parto, sin saber como iba a reaccionar mi cuerpo.
Debo decir que estos razonables argumentos pesaron más, pero muy dentro mío me quedé con una sensación triste de no haber confiado en mi intuición.

En el parto de mi primer hijo no hubo una compañía paciente, personalizada y continua, sino una profesional acción médica adecuada al contexto. Cada profesional entraba en la sala de pre-parto a realizar su "parte" de la labor de cuidado hacia mi cuerpo parturiento. Cada uno, una zona distinta de ese cuerpo, evaluando, recomendando acciones y luego salían de la sala. 

Así, las horas pasaban y mi cuello uterino, ajeno a todos estos desconocidos, seguía sin conectarse con la labor encomendada. Presa del miedo los músculos no se dilataban. En esa época no sabía que este era un esfínter más, que sólo logra dilatarse cuando existe la intimidad suficiente y que al igual que los otros esfínteres, si es "interrumpido" continuamente por la presencia de extraños no podrá relajarse y expulsar nada.
Mientras tanto, cada 8 minutos venía otra dolorosa pero corta e ineficiente contracción y mi cuerpo comenzó a agotarse.
La solución para este "problema médico" fue la clásica en los partos hospitalarios de mi país. Medicamentos que ayuden a completar el trabajo y he aquí el cóctel más moderno a disposición de estas inexpertas madres:

1- Oxitocina sintética inyectable. Esto porque el cuerpo no está secretando la cantidad suficiente de esta hormona para dilatar el cuello uterino. El cuerpo no la secreta porque el pánico lo impide.


2- Para paliar el efecto acelerador antinatural del medicamento anterior (todo el dolor viene junto porque no hay progresión, sino que la dilatación es repentina y el cuerpo no la asimila lentamente), viene otra maravilla de la moderna medicina obstétrica: la Epidural. Inyección que contiene la droga más usada para paliar el dolor en los partos, que la mayoría de las mujeres modernas está convencida que es indispensable para no desfallecer en esta insoportable agonía. 

Esta mágica poción tiene muchos y bien documentados efectos adversos para el bebé, al igual que el uso de oxitocina sintética, pero es mejor para las mujeres ignorarlos o desacreditarlos, a fin de hacer frente al terror de los "riesgos" del parto. 
Yo contaba con esta información ya en esa época y traté de soportar todo lo posible e dolor para no necesitarla, pero fue imposible. Mi cuello uterino pasó en unos breves minutos de dilatación de 2 cm. a 8 cm. Literalmente, mi hijo cayó por una montaña rusa y así lo sentí.
Cuando apareció el anestesista, se me figuró como un ángel con jeringa y casi ni me di cuenta de la incomodidad de la postura para que esa aguja penetrara en mi columna e hiciera su "trabajo" de adormecerme por completo de la cintura hacia abajo. 
Así, con esa sensación de adormecimiento, sentía movimientos pero como cuando tocas tu boca después de haber ido al dentista y recibir una inyección anestésica en tus encías.

3- ¡Perfecto! Ahora esta drogada y aliviada madre puede entrar en su labor de parto tranquila y eficazmente ¿?

¡Cómo diablos, en este estado de atontamiento de los sentidos, va una a conectarse con la cadencia del dolor y a descubrir cómo y cuando pujar!
El cerebro oye y trata de procesar las órdenes médicas de "Ahora puja, ahora respira", pero el cuerpo está dormido y yace encima de una camilla en la posición más incómoda que se haya concebido para expulsar un@ niñ@ del cuerpo materno. 
Esta postura, que hoy nos parece tan normal, no es la que nos corresponde naturalmente ni la que se usó por milenios, a fin de aprovechar la gravedad en favor de nuestras estrechas caderas y los grandes cráneos de los bebés humanos. 
Obligarnos a tumbarnos sólo tiene por finalidad facilitar la tarea de quien asiste el parto, por eso, desde que se extendió la medicalización de éste, proliferó esta postura hasta convertirse en la única aceptada en muchos países.

4- Por supuesto que en este lamentable estado de adormecimiento y en una posición antinatural, muy pocas mujeres, por más sano y atlético que esté su cuerpo, pueden completar por sí mismas y exitosamente la tarea. Ahí llega entonces, al rescate, otro maravilloso instrumento diseñado para "asistir" a las madres: El fórceps.

Con este artilugio los médicos ayudan a la incapaz mujer a sacar la cabeza y luego el cuerpo del bebé, que ella debió haber pujado al exterior sólo con la acción de sus propias hormonas y las contracciones de su útero. Por supuesto que para introducir el accesorio deben realizar una pequeña incisión en el perineo, que requerirá puntos y una incómoda cicatrización. La episiotomía.

Siempre me sorprendió la fuerza del instinto de mi hijo, quien a pesar de todo este medicalizado parto no vio afectada su vitalidad y comenzó a mamar inmediatamente después de ser "higienizado" por el personal del Hospital y mientras esperábamos que nos condujeran a nuestra habitación. 


Después de esta experiencia, por años tuve la sensación que pude haberlo hecho mejor si tan sólo el entorno hubiese sido más propicio y me sentí en la obligación de buscar la forma de experimentar la realidad si alguna vez tenía otr@ hij@.Esa oportunidad llegó el 17 de agosto de este año, a las 2:01 de la madrugada, en la "Frauenklinik" del Hospital Universitario de la ciudad de Basel, Suiza.

El día anterior había sido agotador, después de una noche entera de las ya conocidas contracciones cada 10 minutos, pero demasiado cortas para conducir a una rápida dilatación del cérvix.
Esta vez no tenía miedo ni stress laboral como en el primer embarazo y esta bebita era un deseo largamente anhelado por la familia entera, incluido su hermano mayor.
Hasta el día anterior realicé cada una de mis actividades normales, que incluían jugar en el parque por la tarde con  mi hijo. Me sentía estupendamente bien, no había subido mucho de peso y  mi cuerpo no parecía tener 5 años más.
Me desilusionó un poco no poder avanzar más rápido o eficientemente con mi trabajo de parto. Me había estado preparando largamente para ello. Meditando, aprendiendo a respirar correctamente, cantando incluso (método Leboyer).
El día 16 fui dos veces al Hospital, en la mañana y en la tarde y tuve que volver a casa, pues mi cuello uterino aún demoraría mucho en dilatarse lo suficiente para ingresar al Hospital y comenzar el trabajo de parto.
Pero mientras volvía a casa la última vez intuí que no pasaría mucho tiempo y debería volver al Hospital. A las 10 de la noche comenzaron las verdaderas y dolorosas contracciones cada 5 o 7 minutos, que me dejaban arrodillada en el suelo, que era la única posición en que podía soportarlas y concentrarme en la respiración. No pude pararme en dos horas, mientras mi hijo dormía y mi esposo sufría  a mi lado.
A las 12 de la noche fuimos otra vez al Hospital, pasando antes a dejar a nuestro dormido hijo a casa de su mejor amigo, a escasos metros de la nuestra.

Pasadas las 12 de la noche, comenzando el día 17 de agosto, me encontré por fin en una de las cómodas salas de partos del Hospital. La "Hebamme" (Matrona, Midwife) de turno era perfecta para esa agitada noche, dueña de una sonrisa plácida y de una dulzura que transmitía paz. Me dejé conducir por ella, sin poder hablar demasiado a causa del dolor, pero sintiendo que estaba en buenas manos.

El sistema suizo de atención a la maternidad privilegia la comodidad de la madre y la intimidad es muy importante. En el parto sólo está presente el personal médico indispensable, que se reduce a una Hebamme y una enfermera, si es necesario acude un/a Obstetra para realizar procedimientos como cesáreas u otras intervenciones quirúrgicas.
De lo contrario sólo una mujer es la compañía constante de la madre. Una mujer que está extraordinariamente preparada para relajar y brindar confianza a la madre.
En este caso, Simone (quien me asistió esa noche) tenía una mezcla perfecta de profesionalismo médico y calidez de "doula".
Ella privilegió mi comodidad y deseos todo el tiempo. Cuando dije que no podía moverme del suelo, porque  estar en la cama recostada para que me revisaran era muy doloroso, este deseo fue respetado. El instrumental fue entonces colocado a ras de suelo, yo sobre una enorme colchoneta redonda y ella pudo trabajar de todas formas. 
No pudimos preparar la bañera como yo había deseado y estaba escrito en mi ficha médica. La bañera estaba en la misma sala pero yo no podía pararme, sólo arrodillada mi cuerpo hacía frente y se concentraba en seguir el ritmo del dolor.

Comenzamos todo el proceso con 3 cm. de dilatación y en dos horas había nacido mi pequeña hija de 2,500 Kg.

Sin  "ayuda" de droga alguna, mi cérvix se abrió como debía, sin romperse ni necesitar ninguna sutura posterior. 
Sólo sostuve la mano de mi fiel compañero en cada contracción y hasta que comencé a pujar como nunca lo había hecho en mi vida. Cuando expulsé el líquido amniótico supe que recién estaba comenzando todo y que el dolor más fuerte aún me aguardaba.
Comencé a pujar cuando me lo pedían, tratando de concentrarme en seguir respirando eficientemente hasta que llegó un momento en que sentí que las fuerzas de todo mi cuerpo me abandonaban y que era imposible completar esta tarea tan ardua. Fue allí cuando las voces a mi alrededor comenzaron a hacerse menos audibles, sólo permanecían fuertes las palabras en español pronunciadas por mi marido.
Ya no pude decir ni pedir nada más en ningún idioma que no fuera mi lengua materna y comencé a invocar ayuda fuera de esa sala. Invoqué a todas las madres de mi familia, que parieron niños y niñas saludables sin asistencia médica por generaciones y hasta hace muy poco. Mi madre no nació en un Hospital, sino en pleno Chaco argentino, con ayuda de alguna partera alemana (probablemente su misma abuela materna) y/o alguna matrona  indígena de la zona.
Luego pensé en mi abuela paterna, quien seguro desde donde esté su espíritu descansando ahora, vino a socorrerme como lo hizo durante toda mi vida.
Y las abuelas de la familia de Martin y las de la familia de la Hebamme que me atendía, y así sucesivamente, formando una cadena interminable de úteros latiendo al unísono para ayudarme a dar a luz a mi Noemí.
Cuando llegó el momento de que la cabeza de mi bebé "coronara" sólo podía emitir gritos desgarrados y guturales. Nunca en mi vida me había permitido gritar así, ni siquiera sabía que podía hacerlo. 
Luego que salió la cabeza de mi hija al exterior y mi esposo gritara: Lo lograste! Ya veo su cabeza! pensé que me desmayaría, que ya no resistiría otro dolor igual. Una mezcla de ardor quemante y separación del cuerpo. Indescriptible. Es lo más cerca que me he sentido de la muerte y de la vida, al mismo tiempo.
En ese momento mi espíritu estaba en una alta montaña, rodeada por este círculo de madres y yo sola en el centro, trayendo al mundo a otra más.
Vino una pausa y pensé que jamás podría volver a pujar; aún no sé como logré juntar el  aire y la fuerza suficiente para pujar nuevamente y expulsar el cuerpo completo de mi niña.
Allí escuché su pequeño llanto, que se detuvo de inmediato porque la tomé y puse contra mi pecho. 

Un rato después Martin cortó el cordón umbilical que aún nos unía y reposamos por fin abrazadas en una cama, mientras ella instintivamente comenzaba a mamar, de la misma segura y  ávida forma en que lo hizo su hermano después de nacer.
Poco tiempo después alumbré la placenta que nutrió a mi bebé todo el embarazo. Era hermosa, con forma de corazón. La Matrona me la mostró sorprendida por su belleza y pedí que la guardaran. Hoy nutre un precioso árbol que hemos plantado para Noemí, luego de enterrar su placenta en una pequeña ceremonia familiar.


Así, parí a mi hija de la forma más "primitiva" que un parto hospitalario occidental permite y sintiéndome en todo momento respetada, acompañada y no dirigida ni mucho menos violentada. 
Todo el poder instintivo que nuestro cuerpo posee fue dejado en libertad de acción y pudo expresarse y conducirme por mi propio camino.
No evadí el dolor, me sumergí y nadé con todas las fuerzas a través de él. 
Esa fue mi elección y mi forma de sentir de verdad la vida.
Parí con un dolor no agresivo sino natural, por eso mi cuerpo inmediatamente liberó las sustancias necesarias para contrarrestarlo y mi recuperación me pareció mágica.
Al mediodía pude levantarme sin ayuda de la cama e ir al baño sin sentir ninguno de los dolores terribles que recordaba del parto anterior, derivados de las incisiones y suturas de la desagradable episiotomía. Sólo algo de irritación y dolor pelviano no mayor al de una larga excursión en bicicleta o cabalgando. 
Me duché tranquila y jamás se me inyectó medicamento alguno. De las dosis de analgésicos que dejaron para que las consumiera a ciertas horas si sentía dolor, sólo tomé el 20% y para calmar las molestias del inicio de la lactancia.
Permanecí los cuatro días de rigor en el Hospital, para que controlaran mi estado de salud y el de mi bebé, pero podría haber salido al día siguiente. En tres días ya quería llegar a mi casa a organizar todo y dormir en mi cama.
Nada más alejado del recuerdo de la estancia en el Hospital en mi parto anterior, con ardor incesante, dificultad para caminar e ir al baño y arrastrando por más de dos días el dispensador de calmante, conectado a la vena de mi brazo.
Esta vez sólo me dediqué a descansar, disfrutar a mi pequeña y ayudar a la primeriza madre que fue mi compañera de habitación y cuya recuperación era de lo más dolorosa, producto de una cesárea de emergencia. Ella recibió apoyo y consejería extra por ser primeriza y tener una recuperación compleja. 
Eso también me sorprendió gratamente. Ya contaré más acerca de este maravilloso sistema de atención a la Maternidad suizo, que incluye varias prestaciones posteriores al Parto, como visitas de Matrona a domicilio, asesoría de lactancia, consejería para Padres en los centros familiares de cada barrio y otras maravillas.

Por ahora, sólo agradezco la oportunidad de haber reivindicado mi capacidad de parir por mí misma, sin imposiciones de un sistema médico retrógrado y patriarcal, sin miedos infundados y sobre todo, con respeto y en la intimidad que toda mujer se merece.
Mi hijo y yo logramos sobreponernos a la agridulce experiencia de nuestro parto, a fuerza de instinto, de ignorar varias "recomendaciones de expertos" y por la conexión espiritual profunda que siempre nos unió.
Mi hija es más afortunada, no deberá sobreponerse a nada, sólo seguir el curso natural de una bienvenida no violenta a este Mundo. Su mirada tranquila me confirma que así será.


RUMBA DE LAS MADRES, ROSA ZARAGOZA

SABEMOS PARIR, ROSA ZARAGOZA

¿Qué le ocurre a los bebés que nacen por cesárea?

APOYO A LA MADRE Y LOS RESULTADOS DE LOS PARTOS.

Libro "Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer" PDF GRATIS

sábado, 4 de mayo de 2013

Instinto e Intuición.

He vuelto a reflexionar sobre este tema por estar atravesando otra vez, este particular momento de la existencia de las mujeres llamado "Embarazo".
El embarazo es un período en el cual entramos, inevitablemente,  en introspección. 
Estamos incubando vida y nosotras también renacemos cuando parimos a nuestr@s hij@s.
Es un estado para recuperar o intensificar nuestro instinto de mamíferas y nuestra intuición, que en nuestra especie tiene características únicas, desarrolladas a lo largo de milenios de evolución.

Mucho se ha escrito, teorizado y reflexionado acerca de de este particular instinto femenino; desde la Medicina, la Psicología y otras disciplinas, más o menos científicas.
Sin embrago, otra cosa muy distinta es la experiencia de cada mujer, cómo cada una ha sentido (o no) este especial cambio, despertar, etc.
Lo que he observado desde mi rincón, habiendo conocido a muchísimas mujeres personal o profesionalmente, es que las condiciones de vida de cada una, su cultura y su educación influyen demasiado en cómo cada una enfrenta y experimenta su condición de mujer o de madre.

Hoy no existe, en muchas sociedades, una experiencia compartida que incluya un pasaje hacia otra etapa vital, ni ceremonias, ni ritos que lo conmemoren. La transmisión de conocimientos acerca de nuestra esencia carece de tradiciones en las sociedades llamadas "modernas". 
No recibimos de nuestras madres una bendición especial, que nos recuerde lo sagrado de nuestro cuerpo y su carácter cíclico. Unas más, otras menos, lo que recibimos es sólo información médica o experiencial acerca de ciertos tópicos, con miras a que "controlemos" nuestra natalidad o nos comportemos "bien". Y así, no sufrir las consecuencias de los diversos "castigos sociales" por administrar "mal" nuestra sexualidad. 
Todo ello, de acuerdo a unas normas dictadas desde lo masculino.
Si bien somos herederas de los movimientos de "liberación" femenina, ello no ha contribuido a recuperar nuestra sacralidad o espiritualidad, sino sólo a darnos algunas armas para combatir en el mundo en condiciones de "igualdad" con los hombres, es decir, bajo sus reglas.

Existen innumerables trabajos acerca de este tema, pero quizás quien más ha identificado y dado sentido a las sensaciones de miles de mujeres es Clarissa Pinkola Estés, psicoanalista jungiana que además es "cantadora" o guardiana de cuentos, según las tradiciones de su familia, provenientes del Este de Europa y de la América hispana.
 Esta mujer ha inspirado e interpretado a muchas otras, ha dado claves importantes en su hoy ya clásico, "Mujeres que corren con los lobos" que prácticamente toda mujer mayor de 30 ha leído. 
Allí, a través de cuentos tradicionales contados en su particular versión, analiza los problemas de la mujeres modernas. Con este libro ha generado todo un movimiento de rescate de la intuición e instinto femenino primarios.

Pero ¿que es lo que ella dice?. Empieza por hacernos estas preguntas.
¿Qué ha ocurrido con la voz de mi alma? ¿Cuáles son los huesos enterrados de mi vida? ¿Cuál es mi relación con el Yo instintivo? ¿Cuándo fue la última vez que corrí libremente? ¿Cómo conseguiré que la vida vuelva a cobrar vida?
Dice que muchas mujeres occidentales de hoy han vivido vidas "desérticas", pequeñas en la superficie y enormes bajo tierra. Es necesario atravesar este desierto para llegar al "Río bajo el Río", nuestro mundo espiritual, para que ya no nos sintamos perdidas.

Normalmente, el primer paso es darse cuenta que llevamos dentro de nosotras algo más que la cultura heredada y que la educación recibida, algo más antiguo y profundo. 
En sus palabras "...comprende de qué manera las distintas partes de su naturaleza femenina y de su psique instintiva han sido asesinadas y han sufrido una lenta muerte detrás de una espléndida fachada".

"La tierra, la cultura y la política en las que vive una persona influyen tanto en su paisaje psíquico y son tan merecedoras de consideración en este sentido como su propio ambiente subjetivo."

"A menudo la vida creativa experimenta una reducción de su ritmo o se detiene porque hay algo en la psique que tiene una opinión muy negativa de nosotras y nosotras estamos allí abajo arrastrándonos a sus pies en lugar de propinarle un sopapo y echar a correr en busca de la libertad".

"La cura, tanto para la mujer ingenua como para aquella cuyo instinto ha sido lesionado, es la misma: Practicar la escucha de la propia intuición, de la propia voz interior; hacer preguntas, sentir curiosidad; ver lo que se tenga que ver; oír lo que se tenga que oír; y actuar después de acuerdo con aquello que una sabe que es verdad. El alma recibe al nacer las facultades intuitivas. Es posible que éstas estén cubiertas por años y años de cenizas y excrementos, pero no es el fin del mundo, pues todo eso se puede limpiar. Frotando, rascando y practicando, la capacidad de percepción puede recuperar su estado inicial."


"¿Qué utilidad tiene esta intuición salvaje para las mujeres? Como el lobo, la intuición tiene garras que abren las cosas y las inmovilizan, tienen ojos que pueden ver a través de los escudos protectores de la persona y orejas que oyen más allá del alcance del oído humano. Con estas formidables herramientas psíquicas la mujer adquiere una astuta e incluso precognitiva conciencia animal que intensifica su feminidad y agudiza su capacidad de moverse confiadamente en mundo exterior."

"A menudo la ruptura del vínculo entre la mujer y su intuición salvaje se interpreta como la ruptura de la intuición. Pero no es así. No es la intuición la que se rompe sino más bien el don matrilineal de la intuición, la transmisión de la confianza intuitiva entre una mujer y todas las mujeres de su linaje que la han precedido, es este largo río  de mujeres que se ha represado. Como consecuencia de ello, cabe la posibilidad de que la comprensión de la sabiduría intuitiva de una mujer se debilite, pero ésta se puede recuperar y volver a manifestar plenamente por medio del ejercicio."

"De ahí la importancia del dejar vivir y el dejar morir. Se trata del ritmo básico natural que las mujeres tienen que comprender y vivir. Cuando se capta este ritmo, se reduce el temor..."

"...los ciclos de la vida femenina. A medida que los vive, la mujer va entendiendo cada vez más estos ritmos femeninos interiores, entre ellos, los de la creatividad, el alumbramiento de hijos psíquicos y quizá también humanos, los ritmos de la soledad, el juego, el descanso, la sexualidad y la caza. No hay que esforzarse, la comprensión vendrá por sí sola." "Por consiguiente, cuando finalizan estas tareas, el "legado de las madres salvajes" es más profundo y la capacidad intuitiva emana tanto del lado humano como del lado espiritual de la psique. "

"Cualquiera que se acerque a una mujer se encuentra de hecho en presencia de dos mujeres, un ser exterior y una criatura interior, una que vive en el mundo de arriba y otra que vive en otro mundo no tan fácilmente visible. El ser exterior vive a la luz del día  y es fácilmente observable. Suele ser pragmático, aculturado y muy humano. En cambio la criatura interior suele emerger a la superficie desde muy lejos, a menudo aparece y desaparece rápidamente, pero siempre deja a su espalda una sensación de algo sorprendente, original y sabio. "

"Aunque cada faceta de la naturaleza de la mujer constituye un ente aparte con distintas funciones y un conocimiento diferenciado, ambas poseen una conciencia o interpretación mutua... Cuando una mujer esconde o favorece demasiado una de sus, vive una existencia muy desequilibrada que le impide el acceso a todo su poder."

"Cuando "es buena",  la mujer cierra los ojos a todo lo que, a su alrededor, es inflexible, deformado o perjudicial y se limita a "ir aguantando". Sus instintos de aceptar este estado anormal dañan ulteriormente sus instintos de reaccionar, señalar y producir un impacto en lo que no está bien, lo que no es justo".

"El hecho de ser buena, ordenada y obediente en presencia del peligro interior o exterior o con el fin de ocultar una grave situación de la psique o de la vida real priva a una mujer de su alma. La aísla de su sabiduría y de su capacidad de actuar."

"El inocente es el calificativo que a menudo se aplica a las curanderas que sanan las heridas y los daños que sufren los demás. Ser un inocente significa  ver con toda claridad que es lo que ocurre y poder arreglarlo. Estas son las poderosas ideas que encierra la inocencia , la cual se considera no sólo la actitud de evitar el daño a los demás y a la propia persona sino la capacidad de curar y restablecer la propia persona (y la de los demás).

"La ignorancia es no saber nada y sentirse atraído por lo bueno. La inocencia es saberlo todo y seguir sintiéndose atraído por lo bueno."

"¿A qué tengo hoy que dar más muerte para generar más vida? ¿Qué me consta que debe morir, pero yo me resisto a permitir que muera? ¿Qué tiene que morir en mí para que pueda amar? ¿Qué no belleza me da miedo? ¿De qué me sirve hoy el poder de lo no bello?. Si entonamos la canción de la conciencia hasta sentir la quemadura de la verdad, arrojaremos una llamarada de fuego a la oscuridad de la psique y veremos lo que estamos haciendo, lo que estamos haciendo de verdad, no lo que queremos creer que estamos haciendo".

"Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando también nos busca a nosotros y que, si nos quedamos quietos, nos encontrará. Es algo que lleva mucho tiempo esperándonos".



Hay mucho más en este maravilloso libro, que es de esos para tener cerca siempre y para echarles mano cada vez que un asunto nos "ronda" como ánima en pena.
Descubrir estas palabras fue muy inspirador, en un momento de mi vida en que necesitaba a gritos inspiración y guía.
Hoy, al releerlas me doy cuenta del largo camino recorrido y de la evolución que mi espíritu ha hecho. De cómo la apertura hacia la Maternidad fue mi "activador" personal para iniciar la recuperación y sanación de mi "Yo intuitiva".

A modo de cierre, me quedo con un poema de Anne Sexton titulado "Las zapatillas rojas", que aparece en el  Capítulo 8 del libro que comento.

"Estoy en el centro
de una ciudad muerta
y me anudo las zapatillas rojas...
No son mías.
Son de mi madre.
Y de su madre.
Transmitidas como una herencia,
pero escondidas como cartas vergonzosas.
La casa y la calle que les corresponden 
están escondidas y todas las mujeres también 
están escondidas..."


*Las imágenes tienen diferentes autorías y han sido tomadas de blogs y sitios webs diversos.




sábado, 27 de abril de 2013

CARTA A NOEMI

¡Hija mía!
¿Que tal se siente ese espacio cálido, húmedo y suave en el que estás flotando? ¡Cuánto quisiera entrar allí unos instantes! 
Debe ser más cómodo ahora, ya que mi cuerpo no está tan temeroso ni tenso como la última vez que anidó allí una vida. 
Este útero ya sabe como moverse, descansar, estirarse y latir, para acunarte. Y tu hermano lo ha probado y dejado listo para ti.
Mi experiencia me da seguridades que antes no conocí. 
Aún así, todo es nuevo contigo.

Recuerdo que a veces, en esos momentos que se producen en el umbral del sueño, cuando aún estamos un poco despiertos, tu hermano Simón en mi vientre me enviaba unas dulces y vívidas imágenes de su vida incipiente. 
Podía apreciar las formas de su carita y manos. 
Así ha sido siempre con él, primero esa conexión visual- telepática, que se ha ido complementando con el paso del tiempo agregándose los sentidos y el lenguaje. 
Tu hermano es todo expresión, manifestación, vehemencia, una energía terrenal avasalladora y envolvente que te lleva siempre al límite de tus fuerzas para llenarte de creatividad. Te va a encantar tenerlo por guía protector. 
¿Sabes? El es quien primero te ha llamado, desde el fondo de su alma compasiva. 
A los tres años y medio comprendió que deseaba tu compañía y comenzó a pedirme que te "hiciera". Te pedía con mucha ilusión cada vez que tenía oportunidad de manifestar un deseo de su corazón. 
La paciencia no es una de sus virtudes, pero esperó varios meses hasta que finalmente comenzaste a formarte dentro de mí.

Ahora he establecido contigo otra forma de comunicación, ya que tu energía es diferente. 
Desde el primer momento de sentirte en mi matriz, he podido advertir tu calma, tu paz, tu no prisa y tu seguridad. Eres fuerte, pero suave. Por eso hemos escogido el nombre que llevarás, que significa "mi dulzura".
Trato de comunicarme sintiendo tus latidos, tus movimientos, tu impulso vital. Tratando de recibir de ti tus sensaciones más que tus visiones. 
Percibo que eres un ser sutil, que emana una luz armoniosa y calma. 
¡Vas a enseñarme tanto como tu hermano, serás otra pequeña maestra que tendré que descifrar!

Hay muchas cosas que me desafían a la hora de convertirme en tu Madre, pero la mayor de ellas tiene que ver con la herencia que te entregaré. Un legado que he forjado a pulso y con muchas lágrimas.
Debo enseñarte como convertirte en una Mujer, lo más libre, sabia y plena posible.
Debo ponerte a salvo de siglos de deformación y mutilación social de nuestra esencia femenina, sin transmitirte los miedos, rabias y errores de las generaciones pasadas de mujeres postergadas.
Trataré de entregarte humildemente lo que he aprendido, esperando que tú me ayudes a completar la tarea.
Invocaré desde lo profundo de mi espíritu, como ya lo he hecho antes, toda la Sabiduría de las Madres antes que yo, pero esta vez ya sé como hacerlo, he ensayado varios años.
Pero seguramente, tú transitarás tu propio camino, eligiendo las sendas que más necesites recorrer, con obstáculos que no podré evadir por ti.

Tu Padre y yo te hemos llamado por Amor, igual que a tu Hermano. 
Te agradezco haber aceptado nuestra invitación y compartir este camino a nuestro lado.
Espero ser tierra fértil para tu aprendizaje en esta Vida. No coartar jamás tu vuelo, respetarte conociéndote y contribuir al desarrollo de tu potencial. 
Te amamos y agradecemos cada día de tu presencia.

Mami.