domingo, 17 de febrero de 2019

¿Porqué nos enfermamos realmente?


En varios Posts anteriores he escrito sobre lo que he aprendido e investigado acerca de ser mujer en nuestras sociedades occidentales modernas. Algunas de estas reflexiones pueden leerlas aquí:  


¿Dónde estamos situadas las mujeres de las sociedades occidentales de hoy? 
Mi respuesta es que estamos divididas entre la represión religiosa que todavía es fuerte, el rencor heredado del activismo feminista del siglo anterior y la presión de la vida moderna, que nos exige cumplir los roles de mujer (bajo los parámetros de la sociedad de consumo), profesional y madre al unísono y con “éxito” en todos los campos.
La mujer de hoy (y el hombre también, por cierto) está dividida de tal manera que ya olvidó como conectar su cuerpo con su espíritu.
Hoy ya no existe Inquisición religiosa que nos demonice y matarnos por no cumplir "las reglas" sociales patriarcales, al menos en la mayoría de los países del mundo, es delito. Igual la ideología y costumbres patriarcales están tan arraigadas que, a pesar de los avances legislativos, nos siguen matando por considerarnos "propiedad" de algún hombre.
En casi todo el mundo también, tenemos derecho a votar y participar en el mundo cívico y político, tenemos el control legal de nuestra reproducción (que no moral OJO! Ese es tema que da para un Post completo)  y trabajamos fuera de casa. 
Sin embargo, creo que estamos lejos de haber conseguido nuestra ansiada libertad de ser y hacer lo que nos plazca sin culpa social alguna, porque hoy somos esclavas de la Publicidad, los estándares de la Moda y el consumismo, así como de las expectativas que la generación anterior de mujeres depositó sobre nosotras. 
Hoy es frecuente encontrarnos con comentarios de este tipo: ¿Cómo es posible que "malgastes" tu vida dedicándote a la crianza de tus hijos, después de haber conseguido títulos universitarios y haber competido de igual a igual en el mundo anteriormente reservado a los hombres. Pues porque todavía la conciliación maternidad-trabajo es utópica!

EL CUERPO
La mayoría de las mujeres de hoy está desconectada de sus ciclos, no conoce el funcionamiento interior de su feminidad y tiene problemas ginecológicos asociados a este desconocimiento. Las enfermedades femeninas relacionadas con la fertilidad y los órganos femeninos son la exteriorización de la falta de armonía interior en la vida de las mujeres.
La relación de una mujer occidental con su cuerpo se limita en la mayoría de los casos a auto-someterlo a constantes represiones con el fin de adecuarlo a los estándares que la publicidad exige. Las adolescentes son víctimas de trastornos alimenticios por esta causa, las mujeres mayores lidiamos con el terror al envejecimiento, etc.
No confiamos en nuestra intuición, le entregamos su cuidado por completo a la ciencia médica y procesos tan naturales como el parto son intervenidos y desnaturalizados en la mayoría de los países. 
¿Cuántas de nosotras hemos tenido embarazos y partos no intervenidos y sin problemas? Y las que lo hemos logrado ha sido, en la mayoría de los casos, después de un largo camino de auto-conciencia y preparación espiritual para "desaprender" los vicios de la modernidad y conectar con nuestra parte más intuitiva y recordarle a nuestras cuerpo lo que ya sabe, lo que millones de años de evolución han grabado en nuestro genes y que nuestras ancestras  practicaron desde los albores de la especie. Que nuestro cuerpo "sabe como parir" se ha convertido en una "revelación" en vez de ser lo natural.
Ya no existen tradiciones que honren el paso de niña a mujer. La mayoría de nosotras recibió una educación religiosa represiva en cuanto a lo sexual, una charla en la clase de biología acerca de los métodos anticonceptivos o los consejos anti-hombres de una madre feminista.
¿Alguna recibió algún regalo especial de parte de su madre o su abuela el día de su primera menstruación?

EL ESPÍRITU
Las mujeres de hoy ya no tenemos ritos propios que nos conecten con la sabiduría de nuestros cuerpos, con la naturaleza, etc.
Creo que es necesario rescatarlos o crear nuevos, porque estamos enfermando “de modernidad”, de soledad, de desconexión espiritual y de vacío.
En este sentido, el redescubrimiento en las últimas décadas de los "círculos de mujeres" es un intento de auto-conocimiento y sanación conjunta. Mujeres por todo el mundo hablando abiertamente de los temas que les preocupan, de nuestros dolores y alegrías.

Muy pocas mujeres hoy en día, sobre todo en las sociedades occidentales, tienen una relación saludable y plena con sus cuerpos. Muchas mujeres no se aceptan físicamente y otras tienen traumas asociados a experiencias negativas vividas en la niñez o adolescencia o derivadas de una crianza sexualmente represiva o violenta. He conocido muchas mujeres víctimas de violencia atravesando todo tipo de procesos, pero lo más común es que desarrollen una especie de “coraza de protección” que incluye dejar de lado las sensaciones corporales o esconder emociones.

El Dr. Bach, quien creó la “Terapia Floral” dijo lo siguiente: "La enfermedad es el resultado de una errónea manera de pensar y actuar, y desaparecerá cuando la pongamos en orden. Cuando la lección del dolor, el sufrimiento y el pesar esté aprendida, la enfermedad desaparecerá automáticamente porque ya no tendrá sentido su presencia." "Lo que conocemos como enfermedad es la etapa terminal de un desorden mucho más profundo, y para asegurarse un éxito completo en el tratamiento, es evidente que tratando sólo con el resultado final éste no será completamente efectivo hasta que la causa básica sea completamente eliminada. Hay un error primario que puede cometer el hombre, y es actuar contra la Unidad; esto se origina en el Egoísmo.”

Existe un libro editado ya hace varias décadas por el psicólogo  THORWALD DETHLEFSEN y el médico y psicoterapeuta RÜDIGER DAHLKE, que hoy sigue teniendo mucha vigencia. Se llama "La enfermedad como camino" y analiza la raíz emocional de cada enfermedad. Este libro, a pesar de las críticas que ha recibido de parte de algunos médicos tradicionales, me parece muy importante como punto de partida para darnos cuenta que todo en nosotros está conectado y que nuestros cuerpos son sólo espejos de lo que nos pasa a nivel emocional y espiritual. 

En este sentido, la medicina tradicional china o las medicinas tradicionales ancestrales de muchas culturas, tanto en Oriente como en toda la America Precolombina, han trabajado siempre desde esta visión holística de los seres humanos. 
También lo hacen todas las corrientes de medicina "alternativa", llamadas así en oposición a la medicina tradicional occidental alópata,  por ejemplo la homeopatía, la medicina antroposófica  y muchas otras. Todas estas prácticas de medicina "natural" se centran en la visión de salud y no tratan al paciente sólo cuando está enfermo. Es decir que su concepto de  salud no se limita sólo a la ausencia de enfermedad.
Personalmente y a raíz de mi propia experiencia, he comprobado que nuestros cuerpos no mienten. Podemos esconder muy bien nuestros dolores emocionales a los demás, pero tarde o temprano nuestro cuerpo los manifestará en forma de enfermedad.
Si no lo oímos por suficiente tiempo, encontraremos la forma de "auto-sabotearnos" inconscientemente. Nuestro inconsciente nos hablará a través de símbolos y la enfermedad será uno de ellos.


La Medicina Occidental actual se está acercando cada vez más a la forma Holística o global en utiliza la Medicina Tradicional Oriental, es decir, entender que lo que le pasa al cuerpo no puede tratarse en forma separada de lo emocional y de lo espiritual.
Especialmente en las mujeres, hay una relación estrecha entre las carencias y traumas emocionales y las enfermedades que sufren.


La Dra. Christiane Northrup en su Libro "Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer" muestra estas relaciones después de haber trabajado con muchas mujeres a lo largo de sus más de 40 años de práctica profesional. 
Libro Cuerpo de Mujer. Sabiduría de Mujer


MI EXPERIENCIA
Voy a compartirles mi experiencia para aclarar porqué he llegado a esta conclusión.
Hace más o menos cuatro años, comencé a manifestar signos tempranos de artritis reumatoide, pero al principio y por casi dos años, se redujeron a una disminución de la producción de cartílago en  mis articulaciones, por lo que con un suplemento natural a base de pescado me encontraba bastante bien y podía hacer una vida normal para una madre de dos hijos, que aún amamantaba a la última. Luego de ese tiempo el suplemento ya no fue suficiente y  los dolores aumentaron, así que mi médico de familia me derivó al reumatólogo.

Desde el principio tuve la intuición que ese camino no serviría para mí. Que la medicación tradicional en estos casos (corticoides y antiinflamatorios) yo no la toleraría por mucho tiempo, pero necesitaba un diagnóstico oficial, a fin de poder moverme dentro de la burocracia de los seguros de salud. 
Había atravesado recientemente el proceso de diagnóstico de autismo de mi hija, con todo lo que eso lleva asociado y que derivó en un desgaste y deterioro de toda mi salud. Tuve una pérdida importante y preocupante de hierro y tuvieron que hacerme tres transfusiones para recuperar los niveles normales. También habían menguado mis niveles de vitamina B12  hasta el mínimo. 

El reumatólogo, muy buen profesional por cierto, hizo su trabajo correctamente. Aunque nunca me dio un diagnóstico (quizás no quiso lapidarme sociológicamente diciéndome que padecía artritis antes de los 40) me trató con la medicación indicada y el dolor se redujo. 
También me señaló el stress como la causa principal de mis dolencias. 
Pero tal como lo esperaba, no toleré la medicación tradicional mucho tiempo. La cortisona tuvo efectos secundarios en menos de un año y noté cambios de humor, palpitaciones por la tarde antes de irme a dormir, etc.

Decidí actuar rápido. No estaba dispuesta a seguir ignorando las alertas de mi cuerpo físico. La parte espiritual y emocional ya había aprendido como "sanarla", aunque siempre es muy difícil practicarlo en una misma. 
Pero estaba segura que el cuerpo quería dejarlo a cargo de alguien con visión más "amplia". Así encontré una doctora que se formó en una Facultad de Medicina tradicional suiza pero también aprendió medicina tradicional china hace más de 25 años. Ella comenzó a tratar primero el dolor con acupuntura y medicación a base de plantas y luego me propuso un cambio radical de dieta.
Me presentó un plan alimenticio desintoxicarte y anti-inflamatorio diseñado por un investigador alemán, que ella había probado con éxito en sí misma. Básicamente es un dieta alcalina muy parecida a la alimentación vegana (sin proteína animal), pero que además prescinde del café, té y alcohol, del azúcar procesada de todo tipo y de los cereales blancos. La idea es evitar todos los alimentos que acidifican el organismo, ya que la acidez es lo que "destruye" el cartílago y provoca el dolor en las articulaciones.

Llevo mas de un año alimentándome de esta manera, sólo tomo suplementos de vitaminas y ninguna medicación para el dolor y estoy sorprendida de mi mejoría. Aunque al principio sólo me concentré en lo que perdería, las cosas que no podría comer y la carga de cocinar extra para mi y no poder comer lo mismo que el resto de la familia, luego fui descubriendo todo un mundo de alimentos más saludables y comencé a disfrutarlo realmente. 
Como ya casi no tengo dolor, he vuelto a hacer ejercicio (antes de la dieta no podía hacer yoga ni andar en bici, ni hablar de correr con los niños por el parque, ni siquiera para subirme al tranvía que ya iba partiendo me alcanzaba). Mi trabajo con niños pequeños ya  no es una carga pesada (puedo arrodillarme para mirarlos a los ojos sin que mis rodillas sufran lo indecible). Mi marido dirige una escuela de Karate y participo en la clase de mujeres casi al nivel de las demás. Pronto probaré volver a hacer yoga. Y lo más importante, puedo trabajar un par de horas en mi huerto sin sufrir dolores articulares después! 

Es increíble como un cambio en la alimentación ha significado para mi una nueva oportunidad de disfrutar de la vida. 
Irónicamente, para lograrlo, he tenido que dejar algunas de las cosas que más disfrutaba, como el café de la mañana o comer galletas recién salidas del horno con mi familia.
Afortunadamente, existe gente muy creativa que inventa recetas maravillosas para reemplazar todos los alimentos que resultan tóxicos para mi y navegando un poco por internet se encuentra mucha información rápidamente.

Aunque lo haya sabido hace mucho tiempo, esta experiencia me ha confirmado que cuando nuestros cuerpos se enferman, debemos detenernos a oírlos. No importa cuantas responsabilidades urgentes nos ocupen. No podemos funcionar en "piloto automático" indefinidamente. Estoy convencida que cada uno de nosotros tenemos una voz interior más sabia, que intuye lo que necesitamos para sanarnos y tarde o temprano tendremos que tomarnos el tiempo necesario para hacer caso a su llamado.   
No es casualidad que nos aquejen determinadas enfermedades. Cada enfermedad es una oportunidad de crecimiento personal y espiritual. Podemos quedarnos paralizados lamentándonos de nuestra suerte o aprovechar la oportunidad y hacer los cambios necesarios en nuestro estilo de vida.

Creo que todos nosotros, en mayor o menor medida, estamos "enfermos de modernidad". Algunos corriendo una loca carrera por "tener" en vez de "ser", otros tratando de demostrar su valía, otros anestesiando sus sentidos para olvidar traumas pasados o para ocultar lo que los hace infelices en la actualidad. Y otros, dedicados en el momento a servir a los demás, a veces olvidamos que para hacerlo bien necesitamos primero estar sanos y plenos nosotros.
Por la razón que sea, lo cierto es que todos tendemos a posponer nuestra sanación real y la vida moderna, de la cual la medicina occidental es sólo un reflejo, no nos ayuda. Nos ofrece muy pocos momentos de pacífica y tranquila meditación en soledad para escuchar a nuestro "yo superior" y en cambio, hay cada vez más alternativas de evasión y distracción, para vivir pretendiendo que todo va bien, como en los eternamente felices posteos de Facebook e Instagram.


Pero nunca es tarde para despertar del sueño y activar los sentidos, para recordar como vivir de verdad. Como cuando éramos niños y corriendo contra el viento o mojando nuestros pies en un arroyo sentíamos la vida latir fuerte e intensa dentro nuestro. 






domingo, 26 de noviembre de 2017

El señor Autismo y yo


Ha pasado casi un año y medio desde mi último post y ha sido muy difícil encontrar el momento para sacar afuera el cúmulo de emociones y aprendizajes que este tiempo me ha traído.
Después de varios test psicológicos y exámenes médicos de rigor mi hija Noemi fue diagnosticada con un TEA (trastorno del espectro autista), el bolsillo de payaso donde hoy caben todos los cuadros de desarrollo neurológico atípico y que en muchos casos se convierte en una etiqueta que la persona debe cargar por el resto de sus días.
El proceso de diagnóstico desató en un principio mis peores miedos, que incluían el fantasma de mi adolescencia y juventud apoyando a mis padres en el duro proceso de integrar y lograr la funcionalidad de mi hermano menor,  que fue diagnosticado con autismo en los años 90 en Chile, cuando esto aún era terreno desconocido y cualquier terapia era un experimento.
Como lo mencionaba en mi post anterior, dudé de tener la fuerza suficiente para enfrentar la tarea que se me venía por delante, que ya conocía muy bien.
Pero la verdad es que todo ha sido bien distinto a las pesadillas que mi mente proyectó en un principio. Y el fantasma amenazante del "Señor Autismo"se ha ido diluyendo en la medida que Noemi me demuestra cada día que ella no es un diagnóstico y que mucho menos se regirá por ninguna etiqueta, así que yo tampoco voy a hacerlo.
En este proceso de desmitificación han influido muchas cosas, que yo las siento como mis ventajas, mis ayudas o mis bendiciones.
En primer lugar hoy tenemos infinitamente más información de primera fuente sobre el Autismo, entregada por personas que han llegado a ser adultos funcionales y pueden contarnos como funciona su mente, como piensan en imágenes, como sus sentidos se organizan de diferente manera. Estos maravillosos testimonios, recogidos en libros, charlas y documentales han sido para mi una valiosísima fuente de apoyo.  También la existencia de blogs, foros y páginas de internet donde profesionales y padres pueden "reunirse", intercambiar experiencias, aprender y encontrar respuestas. Todo un mundo, que en la época en que mi hermano recibió su diagnostico no teníamos a disposición.
En segundo lugar Noemi tiene un padre muy especial, un ser humano excepcional que tiene el don de comunicarse de miles de formas y para el cual el lenguaje está sobrevalorado, que en ningún momento ha sido presa del pánico ni se ha dejado amedrentar por las "diferencias" de su hija, sino que ha tenido la capacidad de "verla" y "sentirla" más allá de las palabras. Yo me he dejado enseñar por él y he tenido que ir desaprendiendo muchas cosas, porque para alguien que toda su vida ha trabajado con las palabras y con los lenguajes, la verbalidad es casi como respirar.
Y me he tenido que enfrentar al mundo sin palabras en que Noemi ha llegado a vivir y descubrir otras formas de comunicarme con ella. Esto me ha abierto la mente y el espíritu de maneras que ni sospechaba. Porque mi hermano siempre habló, tardó un poco y nunca ha tenido fluidez ni ha logrado la tonalidad y variedad emocional del lenguaje verbal normal, pero se comunica verbalmente desde los 2 años. En cambio mi hija dejó de hablar a los dos años, de a poco desaprendió la palabras que utilizaba y todo lo que acompaña a la comunicación verbal, como la capacidad de imitar y repetir sonidos de otras personas.
Por supuesto que toda la experiencia ganada con mi hermano menor ha venido a marcar una diferencia enorme entre mi vivencia y la de otros padres y madres a quienes el Señor Autismo los agarra por sorpresa y sin aprendizaje previo de ningún tipo.
Mi mente ya está entrenada para reconocer los sutiles cambios de humor, para enfrentar una crisis o un ataque de pánico por sobrecarga sensorial y miles de otras cosas que a los padres neófitos les suenan a chino y los dejan muertos de miedo y cansancio.
Eso no significa que no me canse y que no tema, como todos, lo que le depara el futuro a mi niña, sobre todo cuando su padre y yo envejezcamos. Que no me pregunte cada día si llegará a ser funcional a esta sociedad, si saldrá de su fase no verbal pronto, si podrá integrarse a la educación "standard" o necesitará una espacial y un largo etc. de temores de este tipo.
Pero otra ventaja que el 90 por ciento de las personas con autismo no tiene, es que Noemi ha nacido en un país donde existen los recursos suficientes para entregarle todas las terapias y posibilidades de inclusión que se conocen. Y si llega a necesitar toda su vida un alto nivel de asistencia y no puede trabajar, recibirá una pensión que le garantiza la posibilidad de recibir cuidados completos dentro de la familia o en una institución.
No tendrá que pelear por un cupo en un centro subvencionado, no tendrá que luchar por una atención de salud digna, no tendrá que enfrentarse al calvario de peregrinar por miles de escuelas y centros educativos hasta que uno la acepte. No tendrá que ser dejada al cuidado de otras personas mientras necesite a su madre porque aquí, ésta puede decidir trabajar menos o dejar de hacerlo para apoyarla de mejor forma, porque recibirá dinero de parte del seguro de invalidez por hacer esta tarea ella misma. En fin...Noemi tiene la suerte de haber nacido y tener la nacionalidad suiza. Aunque esto duela, si no se nos ocurre un día cruzar el mundo buscando nuevas oportunidades, ella hoy estaría viviendo una realidad muy distinta.
Pero aunque estemos aqui en mejores condiciones económicas que en la mayoría del planeta, de todas formas Noemi tendrá que seguir luchando contra un mundo que aun no está preparado para entender que existen distintos tipos de mentes y que necesitamos de todas ellas.
No hay un solo día que no me toque explicar que el cerebro y los sentidos de mi hija funcionan distinto y entonces la gente reacciona extrañada, escéptica o asombrada. Algunos quieren saber más, sobre todo los niños (benditos seres que tienen en sus manos la posibilidad de cambiarlo todo y que me hacen sentir esperanza infinita) y luego de que se les pasa el estupor de haberla visto comer un puñado de arena o chuparse una barra de pegamento, entienden perfecto como ella es.
Sobre todo si se quedan lo suficientemente quietos y callados para que los atraviese con su mirada-escáner, con esos ojos enormes que pueden desnudarte el espíritu en un segundo. Si te quedas un poco más en ese estado tranquilo, seguro te acaricia suave y te sonríe. No conozco a nadie que no se sienta más feliz después de haberla visto sonreír.
Porque Noemi te puede contagiar su felicidad y libertad con solo mirarte. Y eso inspira ganas de olvidarse de cualquier etiqueta. A menudo la gente pregunta: Tiene Autismo? Pero cómo? si se ven tan "feliz".
Pero ella no se ve feliz por casualidad. Ella puede ser feliz porque sus padres y hermano "neurotípicos" se han esforzado por entender como piensa, siente y aprende e invierten mucho tiempo en ayudarle a entender como funcionan ellos.
Puede ser feliz y tener pocos momentos de crisis porque su entorno es amable, comprensivo e inclusivo. Porque recibe la atención psico-pedagogica más adecuada que hemos encontrado, para darle la seguridad necesaria de aceptar cada vez a más personas nuevas a su alrededor.
Porque a su familia y amigos le interesa más jugar y divertirse con ella, que sus avances para ser "normal" . Claro que nos emocionamos cuando señala una preferencia, cuando tiene una conducta social nueva, cuando imita a otro niño, cuando se interesa por algo nuevo o cuando supera una manía, pero no se nos va la vida en ello y estamos más concentrados en disfrutar y celebrar su vida, como la de cualquiera.

Siento que a mi el Señor Autismo no me ha tratado como a la mayoría de las otras madres. Quizás porque yo no lo he convertido en bandera de lucha ni de reivindicación de derechos, no he tenido afortunadamente la necesidad de hacerlo.
No me interesa "luchar contra el autismo", ni tampoco "superarlo" ni convertir a mi hija en campeona de la integración y la inclusión. Yo sólo quiero seguir disfrutando de su sonrisa transparente, acompañarla para facilitarle la comprensión del mundo y evitar, en la medida que me sea posible, que el entorno la dañe. De la misma manera que lo hago para su hermano.
Hoy no es mi prioridad que se integre al sistema escolar normal, que sea funcional o que salga de la fase no verbal lo antes posible. Hoy y siempre mi prioridad será su felicidad y la de toda mi familia. El autismo no es ni será nunca el centro de nuestras vidas, no le permitiré que lo sea,  porque el centro de nuestras vidas somos nosotros, cada uno en su particular, maravillosa e irrepetible individualidad.




domingo, 29 de noviembre de 2015

Disfrutar

Una de las cosas que he aprendido recientemente es que se puede controlar a las personas si se les quita su capacidad de disfrutar. El control social tiene éxito cuando se convence a las personas de que su capacidad de decisión es limitada o no existe. 
En muchos sociedades y religiones la palabra disfrutar está vetada o asociada a pecado o a holgazanería y un/a “gozador/a” se asocia a un     alma perdida, irresponsable, que no precave para el futuro y que no trabaja duro para forjarse el “porvenir”.

Creo que en Occidente nuestra desconfianza y auto-censura ante el goce de todo tipo (sensual, sexual y corporal en general, de ocio, de juego, etc.); es el resultado de siglos y siglos de una constante programación social basada en una moral represora impulsada por las religiones judeo-cristianas y acrecentada por el sistema económico capitalista, que desde fines de la Edad Media está interesado en convertir al ser humano en un engranaje más de una máquina gigante que llevará a la humanidad al “progreso”.

Es interesante en este contexto observar como la visión de cuerpo se fue transformando. Con el advenimiento de la anatomía y los conocimientos de la ciencia médica que comenzaron a extenderse por Europa durante el Renacimiento, el cuerpo pasó a verse como un máquina más. Ya no como el receptáculo del alma, sino como un aparato que había que mantener funcionando y entonces el disfrute pasaba a segundo plano.  

Si bien durante la Edad Media el predicado de la Iglesia apuntaba a reprimir los instintos y a guardarse del derroche y el exceso y se relacionaba la virtud y la castidad con la suprema identificación con Cristo, inculcándosele al ciudadano común que la humildad y sumisión eran las virtudes necesarias para alcanzar “el Cielo”; aún no se asentaba la idea de “programación para el trabajo” y “multiplicación necesaria de la mano de obra” que surgió después. Aún el Estado- Nación no surgía como tal y no se utilizaba a la Iglesia para lograr el control social del cuerpo y la reproducción de los individuos. Los señores feudales y los monarcas sólo se asociaban con la iglesia para mantener las conciencias de los siervos cautivas y sus instintos libertarios a raya.
Fue más tarde cuando empezó a gestarse el actual control social o la “esclavitud encubierta”, precisamente después que comenzara a abolirse o a condenarse la esclavitud legal.

Es interesante leer a los filósofos y científicos europeos renacentistas y darse cuenta como, de a poco, se fue forjando esta nueva concepción del “mundo moderno e industrializado” del que somos herederos. La cosmovisión de los seres humanos hasta la Edad Media estaba basada en lo comunitario, en la asociatividad y la cooperación que los habitantes de las aldeas debían tener para sobrevivir. Incluso los campesinos y siervos tenían organizaciones propias para poder afrontar la dura vida al servicios de los dueños de la tierra. Sin embargo, a medida que fueron apareciendo las ciudades, los Estados Naciones y la Burguesía, todo este sistema fue reemplazado de a poco por otro donde los individuos para servir mejor a los fines “productivos” debieron funcionar como las partes de un reloj, coordinados pero cada uno haciendo su “parte del trabajo” sin saber o estando totalmente desconectado del actuar de los demás. Conjuntamente con esto, la visión del trabajo también se transformó, porque el individuo ya no trabajaba en coordinación con otros para ganarse el pan, sino que lo hacía aislado de la comunidad, en su reducto y para sí mismo.

Al nuevo sistema económico capitalista en ciernes le interesó desbaratar toda forma de asociatividad y comunidad. Así, empezaron en Europa los “cercamientos”, que autorizaron los Monarcas y Señores, donde se parcelaba la tierra, se dividía en porciones pequeñas, con un dueño determinado. Se despojaba a los campesinos de sus organizaciones, de sus gremios. Se los obligaba a migrar a las ciudades a pasar a integrar el gran engranaje de la fábrica. Las familias ya no vivieron en  la aldea ni se organizaron mancomunadamente para sobrevivir, sino que cada núcleo fue relegado a su pequeño espacio en la producción.

La composición y roles de la familia cambiaron por completo. Ya no trabajaron todos sus miembros juntos en el campo para sobrevivir, sino que cada uno tuvo un rol absolutamente determinado en este nuevo escenario social. El hombre fuera del hogar, como “mano de obra” y la mujer fue relegada a lo doméstico, a producir más mano de obra. 

En este contexto fue muy importante ensalzar el valor del trabajo desde el púlpito (especialmente el incipiente “Protestantismo”, que llegó a erigirlo como la virtud más importante de todo “buen cristiano”). “Trabajarás de sol a sol y con el sudor de tu frente conseguirás el pan” se convirtió en el mantra occidental-capitalista y nos rige hasta el día de hoy.

Esto no ha cambiado, sólo han cambiado a lo largo de la época contemporánea los actores. Los regímenes comunistas basados en el pensamiento de Marx intentaron igualar las injusticias, dándole a los trabajadores la oportunidad de ser dueños de sus propio trabajo, de los medios de producción y del capital. Sin embrago, no apuntaron al fondo, no lograron salirse de la lógica del trabajo separado del disfrute, del sin sentido de todo este materialismo que cada vez se pone peor.

Hoy más que nunca tiene sentido la metáfora de esa mano invisible controlando los hilos del mundo. Todos intuyen que sus vidas son controladas por “otros”, quienes están fuera de la rueda que gira sin cesar, pero nadie saber quienes son.
Es como si los que poseen todos esos productos, bienes y servicios que necesitamos desesperadamente para mantener nuestro estilo de vida, nos dominaran con una especie de dispositivo que nos convierte en “zombies” programados para consumir y producir más bienes materiales, en una carrera desesperada por llenar un vacío que nadie sabe de donde viene.

Algunos amantes de las conspiraciones hablan de un grupo de poderosos que dominan secretamente los gobiernos y las economías mundiales, que serían los gestores del actual sistema bancario, que produce dinero “virtual” sin respaldo en metálico como antaño.
Ellos, los dueños del mundo tendrían un plan de eliminación sistemática y progresiva del “excedente” indeseable de la humanidad. Serían la “mano negra” detrás de las guerras actuales, que se inician y planifican pormenorizadamente en sus despachos.
Todas ellas, creadas artificialmente a partir de alguna manipulación comunicacional que desata la psicosis colectiva y el miedo y que hace a los ciudadanos del primer mundo pedir a gritos la “protección” por parte de sus ejércitos y la eliminación de los “peligrosos” (sean terroristas islámicos, guerrilleros centroamericanos a cargo de los carteles de las drogas o caudillos separatistas de distintas naciones de Europa del Este o de África).

Lo más irónico sería que todos estos peligros son financiados y puestos en funcionamiento por los mismos sujetos, a fin de crear el conflicto bélico de turno, enriquecerse con la venta de armas y permitirle a los gobiernos de los países del primer mundo, adueñarse “legítimamente” de los recursos que les interesan (por ejemplo, el petróleo, el oro, los diamantes, etc.)

No sé si los conspiracionistas tengan razón, pero lo que si es evidente es que asistimos en estos tiempos a la desaparición de las Utopías y a una especie de desilusión masiva. Las religiones tradicionales le dan respuestas espirituales a cada vez menos gente y la mayoría está seguro de que ningún gurú ni método de “auto-ayuda” lo salvará de nada.

Creo que en este escenario lo único que queda es mirar hacia adentro y preguntarnos ¿Estoy disfrutando realmente de mi vida?, que es finalmente de lo que se trata la felicidad. Dicen las antiguas filosofías orientales que la felicidad no es algo que se deba alcanzar, sino un estado natural del ser humano, que queda invisibilizado cuando las personas se confunden y se identifican con el mundo material, creyendo que ellas son lo que poseen o lo que hacen. Entonces, el ego queda atrapado en el mundo de la ilusión y la persona no sabe quien es, no puede ver que su yo verdadero no está en el cuerpo, ni en lo que posee, ni en lo que hace para vivir, ni en ninguno de sus logros. Su yo verdadero no es la mente que se identifica con la experiencia que está viviendo, sino la consciencia de fondo que observa la experiencia. Si pudiera darse cuenta de esto, entonces sería libre y ya no más un esclavo de la ilusión.

Si se es libre, se recupera el poder de decisión que es, en último término, la posibilidad de elegir el propio destino y decir como  William Ernest Henley en su poema Invictus “Soy el amo de mi destino. Soy el capitán de mi alma”.
Yo no soy lo que me pasa, yo no soy lo que la vida hace de mí,  sino que yo decido como quiero que la vida me pase.
Y entonces cobra sentido la premisa de los físicos cuánticos de que la realidad material no existe, sino que es la consciencia la que la crea. Si mi vida no va bien, si no disfruto ya es porque estoy decidiendo que la experiencia que vivo es mala, pudiendo no calificarla de ningún modo y sólo atravesarla y ser consciente de que yo no soy esa experiencia, sino quien la observa.


lunes, 11 de mayo de 2015

Raíces

Siempre me ha fascinado la forma que tienen las ideas de multiplicarse y conectarse unas a otras.
Cuando un nuevo pensamiento o conocimiento llega a nuestra mente se expande exponencialmente.
Es imposible saber donde llegará y a veces ni siquiera recordamos cómo se nos ocurrió o de donde vino una idea.
Con los años he aprendido a distinguir y a hacerles caso a estos pensamientos que parecen haber sido "colocados" en mi mente. Hay todo tipo de situaciones en que llegan a mí, pero principalmente es en estado de meditación o en sueños.
Una de las mejores cosas que pude haber hecho en esta vida es aprender a meditar y a trabajar con los sueños y sus claves. Lo que estos dos aprendizajes han aportado a mi crecimiento personal es incalculable.
Estos "pensamientos especiales" suelen derivar de una sola imagen o mensaje. A veces veo algo y luego la interpretación parece venir desde otro plano. Es como si le susurraran a mi inconsciente su significado.
Y en realidad es así. Todo lo que he leído acerca del funcionamiento de nuestro inconsciente (individual y también colectivo) y sobre las conexiones del cuerpo mente y espíritu, desde la Psicología, la Teología, la Biología y la Física, lo confirman.
Esas ideas llegan a mí en ese estado porque no son realmente mías. En ese momento soy como una antena que está sintonizada adecuadamente para recibir información. 
Esto es tan antiguo que la mayoría de las tradiciones filosóficas antiguas lo han enseñado de diferentes maneras, pero con el tiempo y a medida que los habitantes occidentales del mundo nos hemos "modernizado", lo hemos estado olvidando paulatinamente.
Yo no soy especial ni tengo ningún talento "mediúmnico". Sólo soy una constante y porfiada mujer, que no se cansa de seguir buscando sin cesar respuestas que satisfagan sus inquietudes intelectuales y espirituales. Y a la que, por sobre todas las cosas, le apasiona aprender cosas nuevas.
Así, a lo largo de mi vida, he descubierto a muchos autores interesantes de las más variadas áreas y en el último tiempo he advertido que personas provenientes de sectores muy distintos están llegando a las mismas conclusiones sobre la inmortalidad del espíritu y la concepción de Unidad del Universo y sus habitantes.
Es fascinante ver como la ciencia se acerca a definir la naturaleza de la Vida y comprueba que los viajes fuera del cuerpo, los recuerdos de vidas pasadas, las experiencias de casi-muerte y otros fenómenos como estos son posibles y reales.
Me esperanza observar cómo las nuevas corrientes espirituales se funden para olvidar las diferencias de las obsoletas religiones del pasado y avanzamos como humanidad en este camino de despertar la conciencia que hace unas cuantas décadas se ha ido acelerando.
Hoy siento que se hace más profunda que nunca la brecha entre el egoísmo y la esclavitud capitalista que domina al mundo y las nuevas generaciones de niños despiertos que están viniendo al mundo con otros valores como la conciencia de hermandad planetaria, de amor incondicional como forma de vida, de ecología como algo más que "salvar a las ballenas". Me he encontrado con niños "que saben o que recuerdan" cada vez más a menudo, nacidos de padres de lo más diversos.
Frente a estos seres me pregunto ¿tendremos salvación? ¿realmente evolucionaremos los seres humanos? o el daño ya es demasiado y vamos directo a la extinción como especie, para dar lugar a otro experimento más exitoso de la Vida en este Planeta nuestro, que se ha desecho millones de veces de organismos poco adaptados, para volver a empezar.
Confieso que cuesta mantener la esperanza al ver tanta miseria perpetuándose en el tiempo, creando más miseria a su paso. A veces me sorprende que no nos hayamos extinguido ya. 
La crueldad del ser humano contra los de su misma especie llega a límites impensados y ni hablar de la depredación de las demás especies y el medio ambiente, que ya es irremediable y de la que somos cómplices todos.
Es impresionante el nivel de destrucción alcanzado en unos cuantos siglos de este sistema de vida que ha creado la Humanidad occidental "moderna", basado en la explotación de los más débiles con la colaboración y hasta aprobación de los mismos (una esclavitud inconsciente, la peor clase que haya existido jamás).
Es desalentador observar las nulas posibilidades que existen para el "iluminado común y corriente", heredero desilusionado de las luchas sociales de sus antepasados,  de cambiar este sistema desde la base.
En la era de la globalización el individualismo es el rey. Con la desaparición de las Utopías aplastadas por el consumo masivo de todo tipo de "chatarra" ha evolucionado el "Homo-consumens", cual zombie absorbido dentro de un micro-mundo del tamaño de su I-Phone.

Anoche llegó a mi una imagen, que quizás sea mi respuesta para no perder la fe en esta vapuleada Humanidad.
Vi a millones de árboles poblando un denso bosque. Cada árbol estaba ensimismado en su propia tarea y ninguno podía percibir su conexión con los demás. Estaban agotados de repetir una y otra vez los procesos que les aseguraban la subsistencia. De repente me percibí como uno de ellos y me concentré en mis raíces. Me quedé observando y sintiendo como descendían profundo en la tierra y cómo se unían a las de los demás árboles vecinos, y las de éstos a otros, hasta el infinito.
Disfruté de esta sensación de pertenencia y unión y comencé a sentirme en paz, acompañada y plena de sentido y amor.
Luego sentí que estas palabras venían a mí: "ese es el problema con ustedes, que no comprenden que sus raíces están unidas y que todos son Uno".
Una linda forma de resumir los mensajes de las lecturas y pensamientos que me han estado "susurrando" últimamente.

Nota: Por si les dan ganas de filosofar luego de leer este post, aquí una lista de algunos autores de lo más varipinta (científicos, médicos, místicos y académicos) que pueden ayudarlos a abrir la mente. Por supuesto que al leer a cualquiera de ellos, van a ir encontrando conexiones con muchísimos más y con los clásicos o antiguos autores de los que han partido para desarrollar sus ideas. Lo que tienen todos en común es la originalidad y la valentía de dejar atrás las ideas dogmáticas de su tiempo para atreverse a proponer algo "hereje" u osado.

- Brian Weiss
- Elizabeth Kübler-Ross
- Masaru Emoto
- Claudio Naranjo
- Vicent Guillem
 - Bruce Lipton
-  H, Maturana y F. Varela
- Casilda Rodrigañez
- Enrique Barrios
- Carl Gustav Jung
- Rupert Sheldrake
- Richard Bach
- Dr. Bach
- Jean Shinoda Bolen
- Christiane Northrup
- y un larguísimo etcétera, que cada cual puede intuir...



lunes, 26 de enero de 2015

DE CÍRCULOS Y MUJERES.


Desde la natural pausa en mis actividades académicas del último tiempo, que se han limitado al aprendizaje "intensivo" del idioma alemán para integrarme lo más pronto posible en mi nuevo país de residencia, he tenido ocasión de asistir a varios grupos o puntos de encuentro para madres y padres con niños pequeños, que por aquí son muy numerosos. 
Un poco para jugar con los niños y conocer gente, otro poco para buscar datos y crear redes; también para acompañar a alguna amiga. De a poco he ido participando más activamente hasta llegar a compartir mis aprendizajes profesionales previos, dictando Charlas o Temas de conversación.

Yo misma no me hubiese imaginado a mí misma como parte de un grupo de madres, reunidas en torno a los niños y a sus deseos de integrarse y desarrollarse en esta nueva sociedad.
Algunos desafíos o emprendimientos míos fueron más difíciles que otros. Algunas metas me costaron más alcanzarlas, pero creo que jamás necesité una tribu, un círculo, una cofradía. 
La última vez que recuerdo haber formado parte de un grupo fue para practicar deportes en la niñez, o para realizar trabajo social en la Universidad.
Mis amigos siempre fueron escasos y normalmente me absorbía en el millón y medio de actividades que realizaba. Ni siquiera después de casarme y entrar al amplísimo círculo de amigos de mi gregario marido mi carácter cambió. 

Ser mamá me llevó a interesarme por la opinión de "otras" (en femenino) por primera vez, pero aún así siempre me mantuve a distancia y a salvo de las emotividades y exabruptos propios del género, que me imaginaba que abundaban en estos círculos.
Mi formación emocional y profesional,  absolutamente masculinas ambas, me distanciaban de ello.
Sólo me permití este departir entre mujeres con fines exclusivamente espirituales, al buscar respuestas más personales que las que me daba la religión en que crecí, y comenzar a identificarme con las prácticas espirituales ancestrales, asociadas a la Tierra. 
Allí conocí mujeres increíbles que me fueron mostrando mundos nuevos y comencé a reencontrare con mi feminidad, absolutamente aplastada y escondida por el sistema y por  mí misma.
Estudié, experimenté y terminé creando talleres de empoderamiento femenino, orientados al autoconocimiento y un poco alejados del feminismo político tradicional.

Heme aquí ahora, a casi tres años de haber cruzado el Océano en busca de una tierra más fértil para desarrollar mis potencialidades y las de mi familia, sin perdernos el día a día del otro, sin vivir para trabajar y trabajando para vivir, para "vivirnos".
Debo decir, que a pesar que ha sido duro renunciar a todo para jugarnos todas las cartas en este proyecto la evaluación siempre es positiva. Hemos reducido nuestras "posesiones" pero hemos ganado tanto en aprendizaje y calidad de vida familiar.
Una de esas ganancias, muy personal, ha sido descubrir toda una nueva dimensión mía como mujer. 
Al sacarme de encima mis títulos, mi profesión, mis vínculos y relaciones sociales; me di cuenta que yo era mucho más que todo eso.
A pesar que ese ejercicio me dio un vértigo tremendo y a ratos extraño mi vida "importante", se me pasa rápido cuando recuerdo lo sola que estaba. ¿Realmente era "deformación profesional" la que me impedía llamar a una amiga para pedirle consejo o simplemente contarle mis angustias del momento? ¿En qué momento se perdió eso? ¿Cuándo había sido la última vez que me había reunido con otra mujer a simplemente tomarme un café y hablar de la vida, sin discutir asuntos de trabajo o estar en alguna actividad social grupal? 

Aquí he hecho todo tipo de amigas, de una diversidad de orígenes, educación y cultura enormes. Eso me encanta y he aprendido mucho.
Cada vez brilla más luminosa dentro mío la necesidad de ir más allá y formar un círculo espiritual de mujeres, que no sólo se acompañen mutuamente, sino que puedan sentarse a meditar juntas y comenzar su camino hacia la sanción, de sus cuerpos, de sus historias y de sus espíritus.
Un círculo donde no existan juicios sino aceptación profunda, donde se aprenda de la experiencia de cada una.
Sé que estos círculos están proliferando en el mundo entero como respuesta a las "enfermedades" de la Vida Moderna.
Creo en las palabras de Jean Shinoda Bolen escritas en un bello y corto libro que gracias a una gran amiga he tenido ocasión de leer hace poco; y estoy segura que la Sabiduría ancestral de los Círculos está volviendo a entrar en la Psique de las Mujeres porque auto-sanarnos ya es un mandato Universal. El millonésimo círculo, Jean Shinoda Bolen.

Confío en que pronto se materializará este anhelo mío porque últimamente he visto algunas señales que me hacen creer que "todo se está sincronizando" para llevarnos a un par de mujeres estudiosas y autocríticas a perder el miedo y descansar dentro de un círculo, porque ya es tiempo, ¡porque SI!
Hace mucho tiempo una mujer muy hermosa y poderosa me enseñó arriba de la montaña, en medio de la abundante naturaleza chilena, que cuando las mujeres se juntan en círculo la energía que se forma puede llegar tan lejos como quieran. Yo le creo. 


En algún lugar del Universo mis abuelas y bisabuelas sonríen, mientras sirven más mate y hornean pan para las otras. Sé que ellas no me abandonan y que les da lo mismo que esté en Suiza, acá me cuidan igual. A mí, a mi compañero, a mis hijos de carne y a mis hijas-ideas también.


Que el círculo se expanda e ilumine nuestro camino. 
Que se abran nuevos círculos. 
¡Que así sea!








domingo, 2 de noviembre de 2014

SINCRONICIDAD Y CICLOS

Karl Gustav Jung habló de "coincidencias significativas" en nuestra era moderna y explicó estos sucesos aparentemente casuales, pero que para quien los vive aparecen como de una improbabilidad casi mágica. 
Son esas cosas que ocurren "justo cuando más las necesitamos". Es el "destino" haciéndose realidad frente a nuestros ojos.

Luego, la física cuántica ha aportado más a luz explicando estos fenómenos, pero más allá de las definiciones más o menos científicas de la "Sincronicidad", creo que es algo que cada uno de nosotros ha experimentado al menos una vez en su vida.

Esa sensación de estar parado justo en medio del "ojo del huracán", la certeza absoluta de que está ocurriendo algo que es parte de algún "Plan Divino" o que es lo "que hemos estado esperando toda nuestra vida", sin saberlo.



Personalmente, me he encontrado con esta vertiginosa emoción un par de veces en mi vida, y cuando mi intuición me ha llevado a seguir el impulso de darle crédito, porque "¡esto no puede ser sólo casualidad!" siempre algo inesperadamente maravilloso hizo que el curso de mi vida girara por completo y obtuve resultados que me hicieron muy feliz.
Así me he "reencontrado" con mi compañero, con mis hijos, con mis diversas vocaciones, con lugares, con amig@s, etc.

He llegado a creer, tanto intelectual como espiritualmente, en estos llamados internos. Y aunque no siempre estoy tan lúcida como para ponerles atención, de alguna u otra manera mi "Yo Superior" se asegura de susurrarme una y otra vez al oído del alma hasta que termino por oírlos.

El Dr. Bach, creador de la Terapia Floral, dijo que "Y en cuanto a nuestra labor, cuando la encontramos, forma parte de nosotros, se hace sin esfuerzo, es fácil y se convierte en una alegría; nunca nos cansamos de ella, es nuestro hobby. Exterioriza nuestra verdadera personalidad, todos los talentos y capacidades que están a la espera de ser manifestados: somos felices y nos sentimos en casa; y sólo cuando somos felices (que es obedecer las órdenes de nuestra alma) es que hacemos mejor nuestra labor." "Se trata de averiguar y realizar la labor para la que somos aptos. Hay tantas personas que suprimen sus verdaderos deseos y se convierten en clavijas cuadradas para agujeros redondos…" 

Esto me hace reflexionar sobre cuántas veces nos apartamos del camino que nuestra Alma ha trazado para realizar el aprendizaje que eligió en esta vida, por seguir los dictados de la cultura en la cual estamos insertos o de las personas significativas de nuestra vida  y, principalmente, por dejarnos dominar por nuestros miedos más profundos. Creo que el Miedo es nuestro enemigo interno más peligroso. El miedo impide el crecimiento, es muerte.
Barbara Ann Brennan, autora del clásico libro sobre sanación energética, "Manos que curan", señala que: "El miedo es la emoción asociada con la desconexión de la realidad superior. Miedo es la emoción de la separación. Miedo es lo opuesto al amor, que se conecta con la unidad de todas las cosas".


He llegado a la conclusión que si hacemos el ejercicio de abstraernos de todos los prejuicios heredados y adquiridos a lo largo de nuestra vida podremos comenzar a vislumbrar quienes somos realmente, debajo de los disfraces que usamos para representar la continua obra de nuestras existencias.

El origen de los prejuicios siempre es la ignorancia, y la ignorancia nace siempre del Miedo. El Miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a "no pertenecer", a la soledad, a perder lo que nos ha costado esfuerzo conseguir, a comenzar de cero y un largo etcétera.

Siempre que mis miedos me amenazan desde las sombras me obligo a recordar la "Alegoría de la caverna" de Platón. Y a no temer ser considerada demonio ni tampoco ángel. 

Pero casi siempre me lleva un largo tiempo, y lo que más me cuesta cada vez es atreverme a llevar a cabo mis planes, a poner en marcha mis proyectos, a materializar las creaciones. Y a oír la voz de quienes pueden ver más allá de mis limitaciones porque me aman lo suficiente.


Una de las virtudes de atrevernos a escarbar en nuestras profundidades, es que terminamos por conocer y aceptar como parte nuestra ese "lado oscuro" que todos tenemos y entendemos contra qué estamos batallando.

Siento que la única forma de pasar por esta vida sin "crucificarnos" a nosotros mismos después de cada error, es tener claro cuáles son esos "demonios" que surgen cada tanto (en el caso de las mujeres, esto es cíclico y coincide con una clara fase de nuestro Ciclo Menstrual) del Inframundo de nuestra Psiquis para ayudarnos a crecer.

Hace ya bastante tiempo que empezó para mí este "caminar hacia adentro", que ha implicado deshacer el antiguo camino aprendido. Entretanto, he descubierto que ser Mujer significa mucho más que llevar el yugo de la postergación y la obligación de reivindicar al género para conseguir la anhelada igualdad, después de tantos siglos de patriarcado. 
En este proceso he aprendido a sentirme, a amarme, a vivirme por completo; sin complejos, sin etiquetarme a mí misma, dejándome sorprender por lo sagrado que reside dentro mío y reconectándome con lo que tantas generaciones atrás mi linaje perdió.

Me atreví a despojarme de la armadura de "modernidad" que me había construido para mantenerme a salvo de la arrolladora competitividad del mundo en el que me movía. Y descubrí que soy cíclica, como todas. Que mis ritmos me llevan por distintas sendas cada vez, que me pierdo y me vuelvo a encontrar más allá de mis propios límites.

Sé que no estoy ni remotamente cerca de alcanzar mi meta, pero al menos ya he aprendido a detenerme y a disfrutar el trayecto, aunque no siempre lo logre.
También he dejado de juzgarme tan duramente y he comenzado a tolerar los vaivenes de mi interior como la playa tolera las subidas y bajadas de la marea. 
En mi caso, reconciliarme con "todas las mujeres" que conviven en mí y que se manifiestan durante las distintas fases del mis propios ciclos, me ha dado una paz interior indescriptible. He dejado de esperar ser siempre la misma y he dejado de luchar por alcanzar el "modelo de perfección", impuesto en mi mente por la cultura y mi natural autoexigencia, nacida del miedo a no ser amada si me equivoco.

Y en ese proceso, he descubierto que tengo mil voces y que todas ellas me hablan desde lugares recónditos que puedo ir a buscar cuando quiera, porque todos están dentro mío y saben exactamente hacia donde debo dirigirme para aprender mi lección personal en esta vida. http://nomadecreatividadfemenina.blogspot.ch/2012/08/simplemente-mujer.html


A continuación les dejo una lista de algunos libros que me han llegado cuando estaba lista para captar su mensaje y que quizás les sirvan también a ustedes:

- Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer. Christianne Northrup.
- Luna Roja. Miranda Grey.
- Mujeres que corren con los lobos. Clarissa Pinkola Estés.
- Las diosas de cada mujer. Jean Shinoda Bolen.
- El Asalto del Hades. Casilda Rodrigañez.

domingo, 8 de septiembre de 2013

MI PARTO "NATURAL" Y MI PARTO REAL.

Era cierto. ¡Sabemos parir! 
Tal como lo dice el título de la canción de Rosa Zaragoza que se convirtió en mi favorita durante la reciente gestación de mi hija, porque me recordaba la fuerza innata que llevamos dentro y que ninguna sobreadaptación a la vida moderna puede quitarnos.
Todas esas intuiciones que se despertaron después de mi primer parto fueron tomando forma concreta durante mi segundo embarazo. 

Tenía que haber una mejor forma de traer al mundo a nuestr@s niñ@s. Una más natural y al alcance de todas las Madres. 
La que la evolución de nuestra especie diseñó y pulió durante tantos milenios no podía ser tan "peligrosa y terrible" como nos hemos estado diciendo en los últimos siglos.

Comencé mi búsqueda de esta mejor forma de parir, como tantas otras mujeres, luego de la desilusión que me provocó el seguro y medicalizado parto donde di a luz a mi hijo Simón, hace ya casi 5 años.
Ese parto fue muy bueno, de acuerdo al país donde ocurrió, Chile y sus prácticas médicas occidentales absolutamente halópatas y profesionalizadas (y muy segregadas, de acuerdo a la condición económica de la madre, pero ese es un tema que da para otro post).
Casi llegué a convencerme que merecía las felicitaciones de los médicos y que había tenido un perfecto parto "natural", que en países como Chile equivale a "sin cesárea".

Pero mi parto tuvo muy poco de "natural".

Después de casi dos días de padecer contracciones irregulares que eran ineficaces para dilatar mi cuello uterino, presa del miedo y la inexperiencia, fui ingresada finalmente al Hospital que había elegido, estuve rodeada en todo momento por un muy buen "equipo médico", que incluía todos los especialistas del área, que entraban y salían frecuentemente de la sala de pre-parto controlando mis procesos corporales con muchas máquinas y tecnología.
Eso da confianza a las inexpertas madres primerizas, por supuesto.
Mi esposo me acompañó en todo el largo proceso, también mi madre pudo estar conmigo un rato, mientras los profesionales "hacían su trabajo" muy eficientemente pero sin brindar una cálida y amorosa compañía, que sugiera paciencia y transmita confianza en la Madre y sus capacidades innatas.

A pesar de todo ese esmerado cuidado médico, yo sentía unas ganas locas de estar en un lugar íntimo y apartado, rodeada de olores y caras familiares, sin tanta "asistencia". Tenía la loca idea que el parto no debía verse como algo riesgoso que requiriera ir a un Hospital.

Por supuesto, mis familiares y amigos me convencieron que en un país como el nuestro parir en casa era una exentricidad hippie, que no está regulada ni legal ni médicamente y que era un riesgo tremendo que yo tratara de hacer algo así en mi primer parto, sin saber como iba a reaccionar mi cuerpo.
Debo decir que estos razonables argumentos pesaron más, pero muy dentro mío me quedé con una sensación triste de no haber confiado en mi intuición.

En el parto de mi primer hijo no hubo una compañía paciente, personalizada y continua, sino una profesional acción médica adecuada al contexto. Cada profesional entraba en la sala de pre-parto a realizar su "parte" de la labor de cuidado hacia mi cuerpo parturiento. Cada uno, una zona distinta de ese cuerpo, evaluando, recomendando acciones y luego salían de la sala. 

Así, las horas pasaban y mi cuello uterino, ajeno a todos estos desconocidos, seguía sin conectarse con la labor encomendada. Presa del miedo los músculos no se dilataban. En esa época no sabía que este era un esfínter más, que sólo logra dilatarse cuando existe la intimidad suficiente y que al igual que los otros esfínteres, si es "interrumpido" continuamente por la presencia de extraños no podrá relajarse y expulsar nada.
Mientras tanto, cada 8 minutos venía otra dolorosa pero corta e ineficiente contracción y mi cuerpo comenzó a agotarse.
La solución para este "problema médico" fue la clásica en los partos hospitalarios de mi país. Medicamentos que ayuden a completar el trabajo y he aquí el cóctel más moderno a disposición de estas inexpertas madres:

1- Oxitocina sintética inyectable. Esto porque el cuerpo no está secretando la cantidad suficiente de esta hormona para dilatar el cuello uterino. El cuerpo no la secreta porque el pánico lo impide.


2- Para paliar el efecto acelerador antinatural del medicamento anterior (todo el dolor viene junto porque no hay progresión, sino que la dilatación es repentina y el cuerpo no la asimila lentamente), viene otra maravilla de la moderna medicina obstétrica: la Epidural. Inyección que contiene la droga más usada para paliar el dolor en los partos, que la mayoría de las mujeres modernas está convencida que es indispensable para no desfallecer en esta insoportable agonía. 

Esta mágica poción tiene muchos y bien documentados efectos adversos para el bebé, al igual que el uso de oxitocina sintética, pero es mejor para las mujeres ignorarlos o desacreditarlos, a fin de hacer frente al terror de los "riesgos" del parto. 
Yo contaba con esta información ya en esa época y traté de soportar todo lo posible e dolor para no necesitarla, pero fue imposible. Mi cuello uterino pasó en unos breves minutos de dilatación de 2 cm. a 8 cm. Literalmente, mi hijo cayó por una montaña rusa y así lo sentí.
Cuando apareció el anestesista, se me figuró como un ángel con jeringa y casi ni me di cuenta de la incomodidad de la postura para que esa aguja penetrara en mi columna e hiciera su "trabajo" de adormecerme por completo de la cintura hacia abajo. 
Así, con esa sensación de adormecimiento, sentía movimientos pero como cuando tocas tu boca después de haber ido al dentista y recibir una inyección anestésica en tus encías.

3- ¡Perfecto! Ahora esta drogada y aliviada madre puede entrar en su labor de parto tranquila y eficazmente ¿?

¡Cómo diablos, en este estado de atontamiento de los sentidos, va una a conectarse con la cadencia del dolor y a descubrir cómo y cuando pujar!
El cerebro oye y trata de procesar las órdenes médicas de "Ahora puja, ahora respira", pero el cuerpo está dormido y yace encima de una camilla en la posición más incómoda que se haya concebido para expulsar un@ niñ@ del cuerpo materno. 
Esta postura, que hoy nos parece tan normal, no es la que nos corresponde naturalmente ni la que se usó por milenios, a fin de aprovechar la gravedad en favor de nuestras estrechas caderas y los grandes cráneos de los bebés humanos. 
Obligarnos a tumbarnos sólo tiene por finalidad facilitar la tarea de quien asiste el parto, por eso, desde que se extendió la medicalización de éste, proliferó esta postura hasta convertirse en la única aceptada en muchos países.

4- Por supuesto que en este lamentable estado de adormecimiento y en una posición antinatural, muy pocas mujeres, por más sano y atlético que esté su cuerpo, pueden completar por sí mismas y exitosamente la tarea. Ahí llega entonces, al rescate, otro maravilloso instrumento diseñado para "asistir" a las madres: El fórceps.

Con este artilugio los médicos ayudan a la incapaz mujer a sacar la cabeza y luego el cuerpo del bebé, que ella debió haber pujado al exterior sólo con la acción de sus propias hormonas y las contracciones de su útero. Por supuesto que para introducir el accesorio deben realizar una pequeña incisión en el perineo, que requerirá puntos y una incómoda cicatrización. La episiotomía.

Siempre me sorprendió la fuerza del instinto de mi hijo, quien a pesar de todo este medicalizado parto no vio afectada su vitalidad y comenzó a mamar inmediatamente después de ser "higienizado" por el personal del Hospital y mientras esperábamos que nos condujeran a nuestra habitación. 


Después de esta experiencia, por años tuve la sensación que pude haberlo hecho mejor si tan sólo el entorno hubiese sido más propicio y me sentí en la obligación de buscar la forma de experimentar la realidad si alguna vez tenía otr@ hij@.Esa oportunidad llegó el 17 de agosto de este año, a las 2:01 de la madrugada, en la "Frauenklinik" del Hospital Universitario de la ciudad de Basel, Suiza.

El día anterior había sido agotador, después de una noche entera de las ya conocidas contracciones cada 10 minutos, pero demasiado cortas para conducir a una rápida dilatación del cérvix.
Esta vez no tenía miedo ni stress laboral como en el primer embarazo y esta bebita era un deseo largamente anhelado por la familia entera, incluido su hermano mayor.
Hasta el día anterior realicé cada una de mis actividades normales, que incluían jugar en el parque por la tarde con  mi hijo. Me sentía estupendamente bien, no había subido mucho de peso y  mi cuerpo no parecía tener 5 años más.
Me desilusionó un poco no poder avanzar más rápido o eficientemente con mi trabajo de parto. Me había estado preparando largamente para ello. Meditando, aprendiendo a respirar correctamente, cantando incluso (método Leboyer).
El día 16 fui dos veces al Hospital, en la mañana y en la tarde y tuve que volver a casa, pues mi cuello uterino aún demoraría mucho en dilatarse lo suficiente para ingresar al Hospital y comenzar el trabajo de parto.
Pero mientras volvía a casa la última vez intuí que no pasaría mucho tiempo y debería volver al Hospital. A las 10 de la noche comenzaron las verdaderas y dolorosas contracciones cada 5 o 7 minutos, que me dejaban arrodillada en el suelo, que era la única posición en que podía soportarlas y concentrarme en la respiración. No pude pararme en dos horas, mientras mi hijo dormía y mi esposo sufría  a mi lado.
A las 12 de la noche fuimos otra vez al Hospital, pasando antes a dejar a nuestro dormido hijo a casa de su mejor amigo, a escasos metros de la nuestra.

Pasadas las 12 de la noche, comenzando el día 17 de agosto, me encontré por fin en una de las cómodas salas de partos del Hospital. La "Hebamme" (Matrona, Midwife) de turno era perfecta para esa agitada noche, dueña de una sonrisa plácida y de una dulzura que transmitía paz. Me dejé conducir por ella, sin poder hablar demasiado a causa del dolor, pero sintiendo que estaba en buenas manos.

El sistema suizo de atención a la maternidad privilegia la comodidad de la madre y la intimidad es muy importante. En el parto sólo está presente el personal médico indispensable, que se reduce a una Hebamme y una enfermera, si es necesario acude un/a Obstetra para realizar procedimientos como cesáreas u otras intervenciones quirúrgicas.
De lo contrario sólo una mujer es la compañía constante de la madre. Una mujer que está extraordinariamente preparada para relajar y brindar confianza a la madre.
En este caso, Simone (quien me asistió esa noche) tenía una mezcla perfecta de profesionalismo médico y calidez de "doula".
Ella privilegió mi comodidad y deseos todo el tiempo. Cuando dije que no podía moverme del suelo, porque  estar en la cama recostada para que me revisaran era muy doloroso, este deseo fue respetado. El instrumental fue entonces colocado a ras de suelo, yo sobre una enorme colchoneta redonda y ella pudo trabajar de todas formas. 
No pudimos preparar la bañera como yo había deseado y estaba escrito en mi ficha médica. La bañera estaba en la misma sala pero yo no podía pararme, sólo arrodillada mi cuerpo hacía frente y se concentraba en seguir el ritmo del dolor.

Comenzamos todo el proceso con 3 cm. de dilatación y en dos horas había nacido mi pequeña hija de 2,500 Kg.

Sin  "ayuda" de droga alguna, mi cérvix se abrió como debía, sin romperse ni necesitar ninguna sutura posterior. 
Sólo sostuve la mano de mi fiel compañero en cada contracción y hasta que comencé a pujar como nunca lo había hecho en mi vida. Cuando expulsé el líquido amniótico supe que recién estaba comenzando todo y que el dolor más fuerte aún me aguardaba.
Comencé a pujar cuando me lo pedían, tratando de concentrarme en seguir respirando eficientemente hasta que llegó un momento en que sentí que las fuerzas de todo mi cuerpo me abandonaban y que era imposible completar esta tarea tan ardua. Fue allí cuando las voces a mi alrededor comenzaron a hacerse menos audibles, sólo permanecían fuertes las palabras en español pronunciadas por mi marido.
Ya no pude decir ni pedir nada más en ningún idioma que no fuera mi lengua materna y comencé a invocar ayuda fuera de esa sala. Invoqué a todas las madres de mi familia, que parieron niños y niñas saludables sin asistencia médica por generaciones y hasta hace muy poco. Mi madre no nació en un Hospital, sino en pleno Chaco argentino, con ayuda de alguna partera alemana (probablemente su misma abuela materna) y/o alguna matrona  indígena de la zona.
Luego pensé en mi abuela paterna, quien seguro desde donde esté su espíritu descansando ahora, vino a socorrerme como lo hizo durante toda mi vida.
Y las abuelas de la familia de Martin y las de la familia de la Hebamme que me atendía, y así sucesivamente, formando una cadena interminable de úteros latiendo al unísono para ayudarme a dar a luz a mi Noemí.
Cuando llegó el momento de que la cabeza de mi bebé "coronara" sólo podía emitir gritos desgarrados y guturales. Nunca en mi vida me había permitido gritar así, ni siquiera sabía que podía hacerlo. 
Luego que salió la cabeza de mi hija al exterior y mi esposo gritara: Lo lograste! Ya veo su cabeza! pensé que me desmayaría, que ya no resistiría otro dolor igual. Una mezcla de ardor quemante y separación del cuerpo. Indescriptible. Es lo más cerca que me he sentido de la muerte y de la vida, al mismo tiempo.
En ese momento mi espíritu estaba en una alta montaña, rodeada por este círculo de madres y yo sola en el centro, trayendo al mundo a otra más.
Vino una pausa y pensé que jamás podría volver a pujar; aún no sé como logré juntar el  aire y la fuerza suficiente para pujar nuevamente y expulsar el cuerpo completo de mi niña.
Allí escuché su pequeño llanto, que se detuvo de inmediato porque la tomé y puse contra mi pecho. 

Un rato después Martin cortó el cordón umbilical que aún nos unía y reposamos por fin abrazadas en una cama, mientras ella instintivamente comenzaba a mamar, de la misma segura y  ávida forma en que lo hizo su hermano después de nacer.
Poco tiempo después alumbré la placenta que nutrió a mi bebé todo el embarazo. Era hermosa, con forma de corazón. La Matrona me la mostró sorprendida por su belleza y pedí que la guardaran. Hoy nutre un precioso árbol que hemos plantado para Noemí, luego de enterrar su placenta en una pequeña ceremonia familiar.


Así, parí a mi hija de la forma más "primitiva" que un parto hospitalario occidental permite y sintiéndome en todo momento respetada, acompañada y no dirigida ni mucho menos violentada. 
Todo el poder instintivo que nuestro cuerpo posee fue dejado en libertad de acción y pudo expresarse y conducirme por mi propio camino.
No evadí el dolor, me sumergí y nadé con todas las fuerzas a través de él. 
Esa fue mi elección y mi forma de sentir de verdad la vida.
Parí con un dolor no agresivo sino natural, por eso mi cuerpo inmediatamente liberó las sustancias necesarias para contrarrestarlo y mi recuperación me pareció mágica.
Al mediodía pude levantarme sin ayuda de la cama e ir al baño sin sentir ninguno de los dolores terribles que recordaba del parto anterior, derivados de las incisiones y suturas de la desagradable episiotomía. Sólo algo de irritación y dolor pelviano no mayor al de una larga excursión en bicicleta o cabalgando. 
Me duché tranquila y jamás se me inyectó medicamento alguno. De las dosis de analgésicos que dejaron para que las consumiera a ciertas horas si sentía dolor, sólo tomé el 20% y para calmar las molestias del inicio de la lactancia.
Permanecí los cuatro días de rigor en el Hospital, para que controlaran mi estado de salud y el de mi bebé, pero podría haber salido al día siguiente. En tres días ya quería llegar a mi casa a organizar todo y dormir en mi cama.
Nada más alejado del recuerdo de la estancia en el Hospital en mi parto anterior, con ardor incesante, dificultad para caminar e ir al baño y arrastrando por más de dos días el dispensador de calmante, conectado a la vena de mi brazo.
Esta vez sólo me dediqué a descansar, disfrutar a mi pequeña y ayudar a la primeriza madre que fue mi compañera de habitación y cuya recuperación era de lo más dolorosa, producto de una cesárea de emergencia. Ella recibió apoyo y consejería extra por ser primeriza y tener una recuperación compleja. 
Eso también me sorprendió gratamente. Ya contaré más acerca de este maravilloso sistema de atención a la Maternidad suizo, que incluye varias prestaciones posteriores al Parto, como visitas de Matrona a domicilio, asesoría de lactancia, consejería para Padres en los centros familiares de cada barrio y otras maravillas.

Por ahora, sólo agradezco la oportunidad de haber reivindicado mi capacidad de parir por mí misma, sin imposiciones de un sistema médico retrógrado y patriarcal, sin miedos infundados y sobre todo, con respeto y en la intimidad que toda mujer se merece.
Mi hijo y yo logramos sobreponernos a la agridulce experiencia de nuestro parto, a fuerza de instinto, de ignorar varias "recomendaciones de expertos" y por la conexión espiritual profunda que siempre nos unió.
Mi hija es más afortunada, no deberá sobreponerse a nada, sólo seguir el curso natural de una bienvenida no violenta a este Mundo. Su mirada tranquila me confirma que así será.


RUMBA DE LAS MADRES, ROSA ZARAGOZA

SABEMOS PARIR, ROSA ZARAGOZA

¿Qué le ocurre a los bebés que nacen por cesárea?

APOYO A LA MADRE Y LOS RESULTADOS DE LOS PARTOS.

Libro "Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer" PDF GRATIS